Haywire (Indomable), la fuerte espalda de Gina Carano

 

A le gusta más experimentar que a un tonto un lápiz. Por eso llamaba la atención que aun no le hubiese echado el guante al cine de . Cuenta el bueno de Steven que fue tras que le despidiesen de Moneyball, cinta que iba a dirigir, cuando decidió hacer algo de de acción. Viendo la tele descubrió a Gina Carano, luchadora de artes marciales, y quedó fascinado por ella. El caso es que ella es el sentido de la película.

Soderbergh opta por una acción cruda y seca de esas que duelen en los huesos. Hay dos luchas, una con Michael Fassbender y otra con Channing Tatum, que quitan el hipo de lo realistas que se ven y piensas “así debe ser una pelea”. Todo está rodado con extrema pulcritud de forma que veamos lo que está pasando y que los se están dando de hostias son los verdaderos actores y no unos especialistas.

Al final la trama es lo de menos y aquí lo que cuenta es un corre-que-te-pillo de lo más entretenido. Soderbergh es un señor medianamente poderoso a la hora de hacer un casting y sabe mantener nuestra atención de una forma muy eficiente: todos los personajes secundarios están protagonizados por actores muy conocidos de forma que una historia un poquito liosa se nos haga más llevadera. Michael Douglas, , Bill Paxton, Antonio Banderas y los mencionados Fassbender y Tatum pasan por allí.

Además nos lleva por Barcelona, Dublín, Washington, y Nuevo Mexico como si de una peli de se tratase, aunque las intenciones sean otras. Está claro que Soderbergh no se iba a limitar a hacer una película al uso y Haywire en ciertos momentos es críptica y morosa a pesar de durar 90 minutos. Pero Gina Carano tiene el suficiente carisma como para aguantar el peso ante sus anchas y fuertes espaldas.

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era "una del espacio". Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

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