Festival de Málaga, Día 1: Esto no es lo que era

Haber visto nacer el Festival de Málaga te permite ver qué es lo que ha cambiado desde aquella lejana primera edición que uno vivió como estudiante universitario. Hace 15 años no había público para el festival, no había alfombra roja, ni fans, ni internet.

Para llenar las sesiones del Teatro Cervantes nos regalaban la entrada y nos daban 1.000 pesetas como si fuésemos figurantes. Nadie se situaba en la puerta del teatro con la intención de ver a ningún actor y, por supuesto, no existían los blogs. Ahora el personal se mata por conseguir una invitación a las galas, las fans hacen horas y horas de cola para ver a “sus actores favoritos” y acreditan prácticamente a cualquiera, y buena muestra de ello son las masificadas ruedas de prensa. Mucho han cambiado las cosas en 15 años.

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Hace 15 años no existía la sección Zonazine donde se proyectan películas de carácter más experimental, arriesgado o cualquiera sabe qué criterio aleatorio siguen. En esta sección pudimos ver ayer La Senda de Miguel Ángel Toledo que esperemos no sea ejemplo de lo que nos espera en esta sección. La Senda narra la historia de un matrimonio que se va con su hijo a pasar unos días a una casa en un bosque nevado. El matrimonio parece ser que tiene problemas, él ha dejado de fumar y es un poco paranoico. Este cruce entre El Resplandor y Carretera Perdida hace aguas por todos lados y demuestra que no todo vale a la hora de hacer una película “pesadillesca”. En poco ayuda la labor de Gustavo Salmerón que se ve que se esfuerza, pero es que se esfuerza tanto que… bueno, no sigo.

El Festival de Málaga sigue teniendo cercanía. Por sus calles te cruzas a los actores y realizadores de las diferentes películas. Por eso también hay que tener cuidado. Espero que Salmerón no lea esto porque como sigamos así al final de la semana puedo empezar a temer seriamente por mi vida. Que como se junten todos los afectados por mis opiniones podemos acabar mal.

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Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era “una del espacio”. Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

No hay respuestas

  1. Jokin dice:

    Vale, pero quitando que no te gustó “Sin tele y sin cerveza Salmerón pierde la cabeza”, mójate. ¿Mejor o peor el festival ahora que hace quince años? ¿O ni una cosa ni la otra? ¿Te gusta más o menos? ¿Te desplazarías a otra ciudad para asistir o meramente vas porque te cae al lado de casa y eres redactor de un boletín digital de renombre internacional?

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