Atlántida Film Fest: CHEMSEX, DEMOCRACY y BROTHERS

El enfoque social que propone este año el Atlántida Film Fest nos trae un puñado de documentales que viajan desde la comunidad homosexual londinense (Chemsex) hasta el seno del Parlamento Europeo (Democracy) pasando por la intimidad de dos hermanos noruegos (Brothers).

Chemsex (Max Gogarty, William Fairman, 2015)

Según nos cuenta Chemsex, existe una corriente entre la comunidad gay londinense consistente en practicar sexo bajo el influjo de las drogas. Este comportamiento se convierte en un problema en el momento en que la dependencia de estas sustancias no permite las prácticas sexuales sin el uso de las mismas.

chemsex

El no escatima en imágenes que a ojos inocentes podrán resultar perturbadoras pero en escasos momentos consigue escapar el tono entre morboso y moralizante del asunto. La proliferación del VIH es una realidad y ciertos comportamientos de algunos protagonistas son verdaderamente condenables (negarse a usar preservativo), pero la obra de Max Gogarty y William Fairman no alcanza a desgranar el fondo del asunto, quedándose en una serie de declaraciones entre escandalosas y patéticas, por lo triste, que dejan un poso amargo sin llegar a empatizar con sus protagonistas a los que siempre se mira por encima del hombro.


Democracy (David Bernet, 2015)

Democracy comienza como un documental sobre Jean Philipp Albercht y su propósito de obtener una ley de protección de datos dentro del marco de la Unión Europea. Vamos viendo cuales son las ideas iniciales, los juicios preconcebidos sobre el tema y la ignorancia de muchos legisladores sobre el asunto. En sus inicios, en un tono didáctico, Democracy narra por qué nos debe importar el asunto de la protección de nuestros datos.

democracy

Pero como si entrase en aquel mítico tramo de Las doce pruebas de Asterix, Albercht se ve inmerso en una burocracia europea que le hace entrar en un bucle a la hora de presentar esas propuestas. Y Democracy entra también en esa monotonía: Albercht intenta sacar adelante sus proyectos; no lo consigue, dándose de bruces con funcionarios y parlamentarios que no hacen más que marear la perdiz y de esto se contagia el documental que comienza a dar vueltas sobre sí mismo sin llegar a un punto concreto. El camino en círculos de Albercht es el camino de la obra de David Bernet que se estanca porque la realidad lo hace. Tan desesperante como insatisfactorio, Democracy no nos dice quizás cosas que no supiésemos sobre el controvertido tema de la protección de datos, pero nos arroja luz sobre un sistema burocráticamente artificial que no tenemos bien claro a quien protege.


Brothers (Aslaug Holm, 2015)

Poca gracia le debió hacer a la directora Aslaug Holm conocer la existencia de una película como Boyhood. La documentalista noruega se propuso grabar a sus hijos durante ocho años con la similar intención de de capturar unos momentos de una vida, en este caso dos.

Brothers-Aslaug-Holm

La obra de Holm es a la vez un documental sobre sus hijos y un making-of sobre el mismo documental, es decir, tal y como afirmaba Rossellini “cada película es siempre el documental de su propio rodaje”. Holm capta a sus hijos en situaciones cotidianas con una bella intención poética; pero en otros momentos se encuentra con la oposición de los mismos u otros pasajes donde la mera presencia de la cámara crea situaciones que quizás no se hubiesen producido sin la presencia de la misma. Finalmente, Brothers resulta más interesante por las cuestiones que plantea en su proceso de creación sobre la marcha (o sobre cuando dar el mismo por finalizado) que por la vida de los niños que tampoco deja de ser relevante, pero que para un servidor se quedaron en un segundo plano.

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era "una del espacio". Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

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