Márgenes 2019: “Sete anos em maio” y “Los pilares”

La edición 2019 del festival Márgenes, el certamen dedicado al cine más independiente español y latinoamericano, volvió a apostar por la denominada no ficción en su palmarés. La brasileña Sete anos em maio, ganadora del Premio a la Mejor Película de la Sección Oficial, dejó constancia de la habilidad del documental para denunciar las injusticias sociales, mientras que Los pilares, merecedora del Premio del Jurado, puso de manifiesto cómo las grabaciones domésticas son oro puro cuando se sabe editar con habilidad para convertirlas en obras que reflejan el terrible paso del tiempo y la inminencia de la muerte. 

Márgenes 2019: "Sete anos em maio" y "Los pilares"

Sete anos em maio constata el trágico destino de muchos niños y adolescentes pobres  del centro y el sur de América que se encuentran inmersos en el mundo de la droga, se ven obligados a vivir como vagabundos y sufren los abusos policiales. El brasileño divide su pequeña película de poco más de cuarenta minutos en tres partes bien diferenciadas que reflejan claramente esta problemática. En la primera reconstruye las palizas que reciben los muchachos de los agentes de la autoridad utilizando a las víctimas como verdugos y mostrando la excitación de esos menores ante la posibilidad de ser ellos quien lleven en esta ocasión la batuta. La segunda parte es el simple relato de uno de esos chicos a otro mientras descansan ante un fuego. La tristeza, el miedo y la paranoia del protagonista aparecen plasmado sin artificios de ningún tipo. Por último, Uchoa nos enseña un curioso juego, protagonizado por menores, consistente en agacharse y levantarse que funciona como alegoría sobre la vida de mucho chavales que sobreviven en las calles de los países pobres, donde morir o permanecer en este mundo es casi una cuestión de azar. Sin duda, el cortometraje demuestra que la experimentación y el mensaje social pueden convivir sin fisuras. 

Márgenes 2019: "Sete anos em maio" y "Los pilares"

Por otra parte, Los pilares vuelve a dejar constancia del valor artístico que tienen las grabaciones domésticas  realizadas con la intención de servir como simple recuerdo para confeccionar obras de indudable valor artístico. Así lo demostraron dos de los más emocionantes largometrajes independientes de los últimos años: Ainhoa, yo no soy esa y El señor Liberto y los pequeños placeres. No obstante, aquí nos encontramos con un trabajo que pretende intervenir lo menos posible en el material original. , , y , todos ellos alumnos de la ECAM (Escuela de Cinematografía y del Audiovisual de la Comunidad de Madrid), usan las imágenes de películas caseras del archivo personal de Antonio García Zarandieta, tomadas durante décadas y localizadas en la casa familiar, para reflejar las grandezas y tristezas de la vida de cualquier humano. Lo hacen con una hábil labor de edición, pero sin intervenir aparentemente. Los firmantes de la cinta respetan los comentarios de Antonio y su familia, pero el montaje cronológico, con la típica sucesión de celebraciones, deja patente la desaparición de algunos personajes y la soledad que parece aquejar al protagonista y su esposa en los últimos minutos de metraje. Estremecedora en su sencillez, el filme parece ilustrar visualmente los versos de Jaime Gil de Biedma en su inmortal poema No volveré a ser joven: “Ha pasado el tiempo y la verdad desagradable asoma: envejecer, morir, es el único argumento de la obra”.