Todo saldrá bien, el pueblo no es para mi

 

A mí siempre me han dicho que lo mejor es que los trapos sucios de las familias se laven en casa como en el film de , un director a caballo entre el cine y las series de televisión. En Todo saldrá bien, dos hermanas muy diferentes entre sí, una urbanita y moderna que vive y trabaja en la ciudad  y otra atrapada en el pueblo donde creció con sus padres, vuelven a reencontrarse tiempo después a raíz de la enfermedad terminal de su madre, a la que en teoría le restan pocos días de vida.

Todo saldrá bien

La bienvenida no es la esperada. Isabel no es recibida con abrazos y besos sino todo lo contrario. Mercedes comienza una guerra dialéctica entre ambas sin K.O. o ganadora a los puntos. Los reproches triunfan y los cadáveres en forma de acusaciones pueden verse desperdigados por el campo de batalla, en realidad la casa familiar en donde transcurre toda la película. El viejo tópico de que las hermanas siempre se pelean, es algo que queda demostrado nada más estar un rato al lado de ellas. Sin duda el pasar dos semanas juntas hizo que las dos actrices que tienen el mismo nombre en Todo saldrá bien y en la vida real, fortalecieran una afectividad que claramente se refleja en su trabajo. Las dos en el fondo se quieren y adoran pero no se perdonan ciertos comportamientos ni decisiones tomadas en el pasado que posibilitaron el distanciamiento. La hermana amargada tuvo que quedarse en el pueblo cuidando a una madre que enfermó y que hizo que se perdiera todo lo que le ofrecía el mundo, incluido el amor. Esto contribuyó a que la bebida apareciera llamando a su puerta sumiéndole en una tristeza rara vez superada. La botella de alcohol  es un amigo fiel que nunca  falla y que siempre acude presto al rescate cuando el día a día se hace inaguantable, como los gritos lastimeros de una madre a la que nunca vemos el rostro. La hermana lista por el contrario abandonó el nido en cuanto pudo madurando a su manera y desentendiéndose de las responsabilidades que se le atribuyen.

Esos días que pasan juntas les ayudarán a salir de la monotonía en la que han caído sus vidas. Una distracción que les alejará del aburrimiento recordando el buen pasado y todo aquello que les unió hace años y que ahora brilla por su ausencia. Momentos frente a frente o con una televisión de por medio que sirve como confesión improvisada de aquello que jamás se atrevieron a decirse una a la otra. Un juego de niñas infantilizado a veces con resultados imprevisibles y un final sorprendente que deja a una de ellas en una incómoda posición.

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Todo saldrá bien es un que explora los más escondidos rincones del ser humano tomando como modelo a estas dos hermanas, desvelando terrores e inseguridades propias de su edad. Un film de guion que tiene en los diálogos su punto fuerte, con réplicas y contrarréplicas que se suceden a un ritmo vertiginoso. Dos mujeres adultas con miedo a crecer, dos Peter Pan que no pueden estar el uno sin el otro a veces con comportamientos y rabietas o berrinches infantiloides como la que Isabel sufre cada vez que tiene que atender a su madre.

Todo saldrá bien son ellas y nada más. Los secundarios aportan poco y nada a la trama solo el médico de cabecera que saca a la luz el problema de la atención sanitaria se salva de la quema. A Víctor Clavijo incluso le ahogan algunas de sus palabras en un despacho donde trabaja con Isabel. Un pájaro de mal agüero que no trae más que malas nuevas usando el teléfono móvil como canal y vehículo del mensaje.

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Jesús Ponce cuenta con poco dinero pero muy buenas intenciones. A veces no se necesita nada más para hacer algo interesante. Se sobra y se basta.

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