Thor, los dioses acompañan a Branagh

 

Hay que reconocer que los de Marvel son listos. Para el que no lo sepa, desde Iron Man, Marvel produce sus propias películas, lo que quiere decir que tiene control absoluto sobre sus personajes y no los delega en otras productoras. Este hecho condiciona todas sus películas desde entonces, al menos los personajes que sigue controlando. Con la vista puesta en el largo plazo de The Avengers ya se han realizado la mencionada Iron Man, El Increible Hulk, Iron Man 2 y este . Y se agradece esta visión ya que provoca que todo esté siendo cuidado al milímetro con la intención de que todo encaje y nada desentone. Pero vayamos a la película que nos ocupa.


Thor es uno de los personajes menos conocidos de la Marvel pero para mi siempre ha sido de los más interesantes. La mezcla de superhéroe y mitología siempre me ha atraído. Thor es el Dios del Trueno escandinavo que, básicamente, tiene la labor de proteger el mundo de los humanos. Como toda la mitología clásica, la historia y los comics de Thor están repletos de conjuras, intrigas, venganzas y traiciones. Me veo a los de Marvel preparando la película y dándole un ascenso al que se le encendió la bombilla de darle todo este material a Kenneth Branagh. Pero también me imagino el miedo de los aficionados temiendo porque el británico convirtiese a Thor en un Hamlet con martillo. Pues nada que temer, señores.

Branagh es de esos directores que sirve para un roto y para un descosido pero siempre manteniendo la compostura. Versátil, si, pero con estilo. Y esto es lo que entrega con Thor. Entretenimiento, espectáculo, épica y humor para todos los públicos con buen gusto y su punto culto. Y es que hay mucho estirado que levanta la ceja y dice: ¿pero que hace un director de prestigio haciendo una película comercial de un tebeo?. Pues chaval, lo mismo que hacía Shakespeare en su época. Pero con presupuesto y ganas de pasarlo bien.

La historia de Thor es sencilla: Odin, el padre, destierra a Thor a la tierra y éste aprende a ser responsable, mientras su hermano Loki malmete con la intención de ocupar su trono como Rey de Asgard. Aquí está la primera demostración de buenhacer de Branagh: conducir las dos líneas narrativas con pulso, ritmo y hasta sentido del humor. En Asgard todos hablan como si estuviesen en un teatro, de forma pomposa y elocuente. Que para algo el padre de Thor es Sir . Después en la tierra la gente habla de forma vulgar y cotidiana. Este contraste está muy bien aprovechado y nos deja muy buenos momentos tanto cómicos en la tierra como dramáticos en Asgard.

La segunda baza de Branagh es aprovechar su formación teatral para conseguir hacer creíbles a sus personajes. Está claro que actores como Stellan Skarsgård, Anthony Hopkins o navegan solos y no son preocupación para un director. La sorpresa son los hermanos Thor y Loki. supera con nota la prueba demostrar que es algo más que un armario de tres puertas. Pero el que se lleva la palma es el desconocido Tom Hiddleston en el papel de Loki, el hermano envidioso y lleno de rencor. Lo sibilino de su personaje está tan bien llevado que por momentos comprendes su maldad. Y ya sabemos que no hay nada mejor que un buen malo. A la única que veo que no le sacan mucho partido es a Rene Russo, la madre de Thor, que podía haber jugado un poquito más.

Corto el rollo. Id a ver Thor con el chip puesto de una película disfrutable y muy entretenida, aunque debo reconocer que me ha ido gustando cada vez más mientras la recordaba. Los aficionados a los comics irán pillando las múltiples referencias a lo que está por venir (cameo y escena final de créditos incluidos) y los que no, pues no pasa nada. Como decía es lo que están haciendo bien los de Marvel contentar a los frikis sin dejar de ser mainstream. Y todos tan felices que nos vamos a casa.

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era "una del espacio". Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

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