Marte (The Martian), Robinson en Marte

 

Como una especie de tradición, moda o mera casualidad en los últimos tres otoños hemos tenido la oportunidad de ver al espacio exterior como un personaje más en la ciencia ficción. Marte (The Martian) de Ridley Scott viene a unirse a las entregas de 2013 y 2014, Gravity e Interstellar, respectivamente, pero huyendo del transcendentalismo que tan bien manejó Cuarón y que tan forzado le quedó a Nolan.

Marte (The Martian) es desde el minuto uno una película de aventuras y así la manejan Scott y el guionista Drew Goddard con el ojo más puesto en Daniel Defoe que en las epopeyas filosóficas anteriormente mencionadas. Además lo hacen con un sentido del humor que, sin quitar dramatismo a la situación, llenan de humanidad las diferentes anécdotas donde no hay malos ni buenos sino puntos de vista expuestos de excelente forma. Además, Marte (The Martian) acude a una tradición de realismo fantacientífico donde todos los aspectos tecnológicos están expuestos con suficiente verosimilitud. De este modo los desconocedores de asuntos como la fuerza de la gravedad, el uso del abono y el mantenimiento de la velocidad en el vacío podrán aprender un poquito y, lo mismo hay suerte, se les despertará la curiosidad por investigar más sobre estos asuntos.

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La aventura del astronauta Mark Watney atrapado en el planeta Marte y los esfuerzos de los diferentes cargos de la NASA copan gran parte de la acción de Marte (The Martian), haciendo de ella una película más centrada en los humanos que tienen que tomar decisiones que en la espectacularidad de las escenas espaciales, que tampoco faltan. Quizás sea este su mayor punto a favor: focalizar el relato en los personajes sin renunciar a la espectacularidad que debe tener una película de estas características. El guión de Goddard vacía prácticamente a los personajes de contexto y solo sabemos de ellos lo relativo a la misión que les ocupa. Solo leves menciones a las familias de los astronautas nos ponen un poco en situación, pero sin que sirvan de entorno para rodear la aventura, sino para que los humanicemos un poco.

Una de las cosas más curiosas de Marte (The Martian) es su reparto lleno de caras conocidas en papeles que si no fuese por Ridley Scott probablemente habrían recaído en actores desconocidos. En cierto modo, se asemeja a una película de Woody Allen donde actores de primera fila se prestan a actuaciones que en muchos casos no pasan de cameos, como son los casos de Kate Mara o Kristen Wiig, que hace verdaderos esfuerzos por no sonreír, no sea que recordemos du faceta cómica. Por su parte poco tiene que hacer: Damon es un tipo que siempre cae bien y esa es su misión, que empaticemos con él sin necesidad de que sepamos nada más. Al otro lado de la línea, , en modo Will McAvoy, y un excelente Chiwetel Ejiofor son los que tienen más protagonismo, mientras que nombres como los de Jessica Chastain, Michael Peña, Sean Bean y Donald Glover hacen acto de presencia como si esto fuese uno de aquellos capítulos de Vacaciones en el mar donde nombres del celuloide aparecían de forma estelar en la pequeña pantalla.

Marte (The Martian)

Con Marte (The Martian) el director de Alien o logra la unanimidad perdida hace años con proyectos tan polarizados como Prometheus o El consejero, o totalmente indiferentes como Exodus: Dioses y reyes. Pocos podrán negar que Marte (The Martian) recupera a un Scott con sentido de la narración que logra hacer una película tan entretenida y disfrutable como seguramente olvidable en un futuro. La falta de trascendencia es lo que tiene.

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era "una del espacio". Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

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