Nocturna Madrid 2018: LA SEMANA DEL ASESINO de Eloy de la Iglesia

 

¡El cine no comenzó ayer! Muchas de las ideas y argumentos con los que contamos y narramos hoy en día beben de un cine clásico que ha dado subgéneros de lo más variado. El cine de terror llamado slasher que nació en los años sesenta y tuvo su apogeo en las décadas de los setenta y ochenta con furiosos psicópatas que acuchillaban a tiernos e inocentes jóvenes aún se dejan caer por aquí y allá resucitando a muertos como el Michael Myers de Halloween que ha inaugurado el Nocturna Film Fest de Madrid en su sexta edición ¡y parece que fue ayer! Nuestro Eloy de la Iglesia también se dejó seducir por esta moda cuando en 1972 dirigió La semana del asesino, un film de terror con asesino en serie que en esta ocasión es un Vicente Parra en plan sex symbol sin camiseta y atacando al personal con cualquier cosa que tuviera al alcance de la mano, acabando con sus vidas primero accidentalmente y después mitad por gusto y mitad por miedo a que alguno cante más de la cuenta. Su casa se convierte en un nuevo matadero, él trabaja en otro, en el que va apilando los cadáveres y una pena y remordimiento que no desaparece. Su vida ordenada y organizada va cambiando con cada acto animal y violento, tiñendo no solo las paredes de su casa de rojo carmesí sino también una mente enferma que ya no distingue entre el bien y el mal o entre culpable e inocente. El atractivo trabajador se ha convertido en un alocado animal atrapado entre cuatro paredes que necesita respirar aire fresco y no oler la putrefacción que se amontona junto a la cama de su habitación ¡un lugar que el mismísimo Pinhead bautizaría como hogar!

La semana del asesino
Eloy de la Iglesia distingue en La semana del asesino dos historias narradas a la vez en un mismo periodo de tiempo al que ha llamado semana. En una Carlos es un sádico asesino sin escrúpulos que desea evitar la cárcel y que se lleva a todo lo que tiene por delante desembarazándose de los cuerpos usando para tal cometido una máquina recién comprada en su trabajo; en la otra establece el mismo hombre una rara y extraña relación con su vecino rico, él vive en una modesta casucha en un solar abandonado, con el que comparte conversaciones a la luz de la luna paseando por lugares que él nunca ha visitado, como una piscina abierta de madrugada o un bar en donde no hay casi clientes y patrulla la policía. Este curioso nuevo amigo nocturno guarda un secreto que se revela al final del film y que da sentido a una relación entre dos personajes que perfectamente podían protagonizar un largometraje del maestro Hitchcock. Mientras uno de los cuentos es fácilmente predecible en cada uno de sus actos, el otro juega con la improvisación hasta llegar a un final mortal combat o face to face del que no intuimos resultado.

Entre crimen y asesinato La semana del asesino de Eloy de la Iglesia nos acerca a la realidad de una España caduca, conservadora y machista que maltrataba a la mujer y oprimía la libertad sexual del individuo y lo cuenta y describe a su manera con un lenguaje de la calle y unas licencias visuales y sonoras muy concretas y efectivas. Los primeros planos de una cama, un reloj que avisa de un momento concreto o ciertos comportamientos y actitudes trasnochadas que ahora mismo serían pecado mortal y un cebo ideal para los perros que como los de este film merodean en busca de alimento. Posters de mujeres en ropa interior, faldas que enseñan mucha pierna o besos robados en taxis o vagones de metro en esos años eran una falta de respeto y un motivo más que suficiente de crítica y malas miradas y palabras ¡Y todavía algunos se quejan y se echan las manos a la cabeza de ciertas letras de canciones ochenteras!

La semana del asesino

Es verdad que La semana del asesino no ha sentado cátedra, no es un sobresaliente en esto que llamamos cine pero entretiene al personal y no daña en exceso. Por momentos se acelera con las escenas que tienen que ver con violentas disputas a pedradas o llaves inglesas y otras calma a todos con paseos en donde conversan dos representantes de mundos diferentes, el del pobre obrero con hermano camionero que se gasta su nómina en colonia y perfume barato y el del ricachón aburrido y pedante que vive en un apartamento lujoso y que desde su ventana vigila los pasos de cualquiera con sus caros prismáticos.

Primera película de clásicos del Festival y primer aprobado que esperemos que no sea el último. Próxima parada, zombies mutantes ¡y qué siga la party!

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