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La llamada, iluminadora e inspiradora

 

Parece que todos estamos de acuerdo, y cuestionar o matizar el talento desvergonzado y costumbrista-pop de los Javis, creadores de La llamada, no es aceptable. Realmente han sabido devolver a los personajes del cine español, bajo mi punto de vista, el mismo carácter y desahogo tan naturalmente propios de cualquiera de nuestros vecinos y vecinas. Se nota que son autores que escuchan y observan, ávidos de contar las historias de las personas que tienen alrededor. Escriben las voces de sus personajes con sintaxis popular, con referencias y nociones comunes, bajo una especie de literatura oral vigente que todos reconocemos al instante, y nos hace conectar con una intimidad tan particular que, queramos o no, siempre produce satisfacción. No es un recurso nuevo y sorprendente, pero no se puede negar que lo hacen muy bien, y que son dos grandes observadores de su entorno. Quizá tanto que, el verdadero éxito de sus producciones, sea precisamente saber utilizar estas dotes de observación en el casting.  

La llamada

La llamada está basada en una maravillosa idea esencial, iluminadora e inspiradora para todos y todas, pero no tiene un guión bien estructurado. Comienza con una presentación muy clónica y somera de sus personajes, en un escenario rápidamente identificable por cualquier adulto joven que haya crecido en un entorno católico, que se deriva en una serie de momentos de chistes idiosincráticos, canciones bonitas y bastante exposición de cuerpos de mujeres guapas, sin llegar realmente a ser capaz de entrelazar todo esto en un conflicto comprensible y expectante. Pasan muchas cosas bonitas y graciosas, en el entretanto no pasa mucho, y al final pasa todo de forma explosiva y espectacular.

Por esta razón,  lo que deslumbra y engancha a la vez de La llamada, probablemente sean dos cosas. Sin lugar a dudas, la primera es el casting y la actriz Anna Castillo, una chica que probablemente también sea una esponja absorbente de la performance natural de cada persona con la que se encuentra. Ella sola tiene toda la película agarrada. La segunda, es la propia “llamada” en sí.

A pesar de no ser santos de mi devoción, estos Javis han sabido construir una historia musical que nos toca a todas, pues no hay nada más hermoso en el mundo que lograr conectar con la fe en nuestro propio sentido, el nuestro particular, el que jamás podremos negar, por ridículo e inverosímil que sea. Y a las que alguna vez hemos sentido que nuestro sentido vital está algo desubicado (en el fondo, quién no lo ha sentido alguna vez), nos gusta mucho acompañar en la ficción a una persona que se siente plena y ciegamente feliz al recibir la llamada de Dios, cantando canciones de Whitney Houston, con pinta de Franki Avalon como ángel de la guarda de la adorable Frenchy en Grease.

La llamada

No hay que añadir mucho más que este último detalle para confirmar que no es una película tan original y tan estupendísima como estamos leyendo y escuchando estos días compulsivamente, pero es cierto que termina resultando una especie de experiencia musical muy reconfortante y esperanzadora.

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