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Ha nacido una estrella, la divinización de las estrellas del pop-rock

 

Ha nacido una estrella, la cuarta adaptación de A star is born termina en manos de Bradley Cooper y Lady Gaga, y… ¡cling-cling!. Esta es la historia de los tipos más poderosos de la industria del cine mundial confabulando el próximo súper taquillazo, no sólo en las salas de cine, sino en derechos musicales, conciertos, álbumes y merchandising.

Ha nacido unas estrella

¿Qué podemos hacer para que todo esto funcione, Clint? Efectivamente, la idea inicial de llevar a cabo el cuarto remake de A star is Born fue un proyecto de Clint Eastwood, que es un excelente profesional del business enterteinment en todos sus niveles, tanto técnicos como capitales. Tras un barrido fallido, entre negativas o agendas colapsadas, por todos y todas las súper estrellas que podrían haber protagonizado esta cuarta adaptación (jueguen y piensen unos minutos y seguro que aciertan más de uno o dos), finalmente llega Bradley Cooper, en su momento perfecto: actor reconocido en varios registros, no sólo el de seductor amable, con sus exitosas incursiones en guión y producción en proyectos de enormes magnitudes, y con cualidades basales aceptables para atreverse a cantar y tocar música en directo. El resultado es bastante mediocre y, por supuesto, nada representativo de su personaje, uno de los más grandes referentes estadounidenses del country, algo más fiero y rockero en esta ocasión. Pero el adorable Bradley lo acepta con sana modestia en todas las entrevistas, para comenzar a ensalzar, con todos los ungradable adjectives de su lengua, a la verdadera estrella, no sólo de la película, sino de todo este proyecto en sí mismo desde su inicio. La estrella, y el ave de los huevos de oro.

Lady Gaga, ¡obviamente! Es capaz de componer la música perfecta para una película como esta, canciones tan formalmente comerciales, (pero efectivas), que a la salida tarareamos sin darnos cuenta, y que pronto comenzarán a sonar por todas partes, y se convertirán en hitos de la historia de las mejores bandas sonoras del cine. No por ser especialmente buenas, sino porque el estribillo se repite y se vuelve a repetir durante la película en los momentos más triunfantes y simbólicos de la gran gloria de la muchacha pobre que quería ser artista. Estos gringos.

Ha nacido una estrella

La horda de fans que, a día de hoy, incluso han orquestado sabotajes de otros estrenos programados para el mismo día que el de Ha nacido una estrella, no puede dejar más claro las aspiraciones billonarias de Warner Bros y sus amigos. En efecto, un negocio redondo, con una película que es disfrutable y altamente convencional: el personaje de Bradley, Jackson, es una estrella del country, drogadicto, sensible y errante, al que no le pueden faltar una voz forzosamente grave, una masculinidad moderada (que le lleva a pegar algún puñetazo que otro), y una personalidad ligeramente cándida, para que podamos entender que en su proceso de destrozarle a la vida a la mujer que ama, él también sufría mucho, en realidad.

Lady Gaga se ha dejado embellecer por completo bajo los cánones más blancoides de la Common White Girl, (aunque siempre haya creado imágenes irreverentes y enrarecidas sobre ella misma, con el fin, creía yo, de contribuir a todo lo contrario), para interpretar a una mujer siempre contenida en un brioso equilibrio entre la satisfacción de trabajar y brillar lejos de su esposo, y el acto de amarle incansable e incondicionalmente a la vez y, lo que es más curioso, lograr ser bastante feliz con ello.

Ha nacido una estrella

Este tratamiento del amor en esta reciente adaptación de Ha nacido una estrella, respecto a las anteriores, es remarcablemente sorprendente: de algún modo, se ha de reconocer que, si bien es una clásica historia de polos entre hombre patológicamente egoísta-mujer patológicamente altruista, hay algo en el guión que denota sutilmente un amor sano, profundo y ecuánime, que termina destruyéndose por la debilidad de un hombre enfermo, más que la de un hombre machista y narcisista.

Por lo demás, Ha nacido una estrella se puede ver, se puede cantar, y resultará muy emocionante a la gente que disfruta esta épica tan norteamericana sobre gloria y la divinización de las estrellas del pop-rock.

 

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