Festival de Málaga: Cómo sobrevivir a una despedida, unas risas sin premio

 

En el Festival de Málaga. Cine Español, la necesidad de cubrir una sección oficial con 12 películas a concurso lleva a tener que incluir películas que cualquier programador en su sano juicio jamás tendría en cuenta. A esto tenemos que sumar que Cómo sobrevivir a una despedida está producida por el principal patrocinador del festival que aprovecha para estrenar la película este fin de semana, matando así dos pájaros de un tiro al conseguir una promoción gratis. Y el caso es que Cómo sobrevivir a una despedida no es ni mucho menos una película insultante, simplemente que la sección oficial a concurso no es su lugar.

La película de asume desde el primer momento su condición de producto comercial y sin complejos nos lleva al desmadre de un grupo de amigas en un fin de semana en Gran Canaria. Obviamente, el referente, explicitado en un momento de la película, es en Las Vegas; así, Cómo sobrevivir a una despedida nace como un exploit de la película de tomando incluso en un momento dado el concepto de tener que reconstruir la noche de desfase olvidada. Como hubiese sido demasiado caradura usar el mismo esquema argumental, las guionistas , Manuela Moreno y se regodean a una larga presentación y desarrollo de personajes a base de escenas a cual más zafia, y entiéndase esto sin el más mínimo disgusto.

Cómo sobrevivir a una despedida

Otra cosa que también queda clara es la inspiración en La boda de mi mejor amiga a la hora de poner en primer plano a un grupo de mujeres, y un gordito homosexual, encerradas en situaciones de mal gusto y diciendo palabras sucias. A estas alturas no creo que nadie se vaya a escandalizar porque una mujer diga la palabra polla, pero no deja de ser significativo que las risas se producen y que como recurso cómico facilón sigue funcionando. Por ello, Cómo sobrevivir a una despedida no tiene vergüenza en ir con la cabeza alta, consciente de lo que es sin más excusas.

Sí es cierto que podríamos achacarle muchas cosas como una construcción y desarrollo previsible y una cierta falta de verosimilitud en muchas de sus situaciones, pero lo más grave es su falta de carisma en los personajes, una de las bazas por las que recordamos los referentes mencionados. En conclusión, Cómo sobrevivir a una despedida no hace daño a nadie, te echas unas risas (si quieres) y con absoluta seguridad no aparecerá en el palmarés.

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era "una del espacio". Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

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