Cortogenia 2016: dilemas, flirteo y miradas al pasado.

El lunes 12 de diciembre se celebró en el Cine Capitol de Madrid la gala de clausura y entrega de premios de la decimoséptima edición del festival de cortometrajes , con posterior proyección de las tres películas ganadoras en las categorías principales. No solo participamos como jurado sino que también estuvimos allí para contártelo.

A prueba (Pablo de Aramburu) ganador del premio a Mejor película LG OLED reinventa el cine negro, nos cuenta una historia de dilemas morales, de anhelos que difícilmente veremos cumplidos, y de cómo la ocasión que se le presenta a una agente de una patrulla fronteriza bien podría presentársenos a cualquiera de nosotros.

Cortogenia A prueba

Destaca la película en su aspecto técnico, con una fotografía y un montaje más que adecuados a la historia y su ritmo. Su atropellado cierre, sin embargo, nos deja viendo los títulos de crédito con una sensación ligeramente amarga que no hace justicia a la buena factura del resto de la película.

En Apolo 81 (Óscar Bernàcer), Premio del público de Cortogenia, asistimos a una peculiar visión retrofuturista y muy impersonal del cortejo y la primera cita, cargada de humor. El final, a pesar de previsible, no desmerece el interés de la película en ser un bien realizado entretenimiento, sin excesiva pretensión, pero sin ocasión de cometer los errores habituales de la comedia romántica española de los últimos años.

Cortogenia Apolo 81 también fue reconocida con los premios a Mejor guión, Mejor interpretación masculina y Mejor dirección artística.

Mediante un reencuentro nada casual entre dos amantes, Vida en Marte (José Manuel Carrasco), Premio a la Mejor película nacional (y Mejor vestuario) nos ofrece una visión al pasado de sus dos protagonistas. Durante el mismo descubrimos que los propósitos vitales no alcanzados pueden no ser tan dolorosos como los que sí cumplimos. Una historia en la que contrastan, casi plano a plano, los ideales de la juventud con el desencanto de la madurez. Una historia que carece de final, porque cada decisión es la oportunidad de un nuevo comienzo.

Cortogenia Vida en marte

Más allá de cada título concreto, salimos de la sala con la sensación de que hay un excesivo empeño en explicitar las motivaciones de los personajes expresando mediante diálogos lo que ya estamos viendo en pantalla. Parece existir miedo por parte de los realizadores a que puedan quedar aspectos de su obra sin entender, lo que les lleva a llenar de conversaciones redundantes un metraje en el que las acciones de los personajes y las propias expresiones de los actores ya están contando eso mismo, de manera mucho más eficaz.

De la misma manera que nos ocurrió escuchando a la voz en off final de Blade Runner, exigencia que Ridley Scott procedió a eliminar en su director’s cut, durante esta proyección nos vimos llevados de la mano, siendo explicados mediante palabras que esas caras de preocupación en verdad eran caras de preocupación, que esa nueva alegría era ciertamente alegría, o que esa sensación de haberse equivocado a pesar de haber conseguido todo cuando el personaje se había propuesto era, efectivamente, ganas de empezar de nuevo por sentir que se había equivocado a pesar de haber tenido éxito.

Que tampoco es que todos en Cine en Serio pensemos que hay que llenar el mundo de David Lynchs, pero no estaría mal sacudirse el síndrome de Dora la exploradora y dejar de ser llevados de la mano durante toda la narración.

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