Black Angel (Senso ’45), erotismo histórico

 

Seguramente para los más jóvenes del lugar el nombre del director italiano no sugiera demasiado. Pero es bastante probable que los más veteranos se hayan topado con sus películas en su tierna . Pasto de la sección de cine en los videoclubs ochenteros, filmes como Salón Kitty, Los burdeles de Paprika y, sobre todo, Caligula supusieron el descubrimiento de un mundo que, lógicamente, resultaba fascinante a ciertas edades. Ahora, debido a los caprichosos designios de la distribución española, llega a nuestras carteleras Black Angel, también conocida como Senso ’45 y Las perversiones de Livia, una obra del año 2002 que recoge las constantes del cine de Brass y además tiene el regusto de un cine desaparecido.

Black Angel

Black Angel (Senso ’45) narra la historia de Flavia, esposa de un alto mandatario italiano al que detesta, y su encuentro con el apuesto oficial nazi Helmut. Entre ambos surgirá un inevitable desenfreno sexual con la de fondo. Con este argumento resulta inevitable hasta cierto punto no ver en la película de Brass ecos de obras mayores como Cabaret y, sobre todo, Portero de noche en su representación de una época convulsa donde la pulsión sexual adquiría un significado más allá de lo carnal.

Tinto Brass orquesta una película con un marcado tono trágico donde el contexto histórico no alcanza a tener el peso y la importancia que podría haber tenido, sin acercarse ni de lejos a las obras de Fosse y Caviani anteriormente mencionadas. Aun así, en Black Angel (Senso ’45) asistimos al Brass más erotómano, completamente entregado a la exhibición de los cuerpos de una espléndida de exultante madurez y un bello pero pétreo Gabriel Garko. Es en estos encuentros sexuales donde Brass no tiene tapujos, haciéndonos ver de paso que el cine erótico tuvo quizás su mayor apogeo en los años setenta: el italiano rueda como si no hubiese pasado el tiempo y estuviésemos en los años de Emmanuelle; como si el uso del zoom siguiese teniendo vigencia en el siglo XXI; como si el espectador se hubiese acostumbrado a la exhibición de penes y vaginas en primer plano sin crear en él incomodidad.

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No cabe duda que hoy ya no se hacen películas como Black Angel (Senso 45), donde el erotismo sea un motor de la obra (quizás la lejana El libro negro se nos venga al recuerdo), sin entrar en consideraciones moralistas, y donde, por qué no decirlo, tengamos la oportunidad de excitarnos sin necesidad de sentirnos sucios. Aun recuerdo como le dio la puntilla al género en Nymphomaniac, donde el sexo era de todo menos excitante. Por ello no está mal recuperar esta película de Tinto Brass, que, aunque no se encuentre en los anales del género, bien sirve para presenciar una película de hace quince años que mira hacia otros veinticinco años más atrás. Curiosa al menos.

 

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era "una del espacio". Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

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