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Bajo el mismo techo, guerra de sexos

 

Las parejas se separan. Es un hecho comprobado y aunque es muy bonito eso de decir “fueron felices y comieron perdices”, frase perfecta para una camiseta, la realidad es que el divorcio está a la orden del día y escapar de él es complicado, sprinta más rápido y te alcanza en cuanto te descuidas. Nadia y Adrián o la actriz Silvia Abril y el actor Jordi Sánchez, en Bajo el mismo techo, han sido en el pasado un matrimonio feliz que no sabían que eran seguidos a hurtadillas por una crisis con nombre y apellidos, de pareja y económica. Ahora en el presente deben vender la casa de sus sueños porque no se soportan comenzando un guerra sin cuartel en un campo de batalla que va a salir muy mal parado.

Bajo el mismo techo

Nadia, ama de casa y pequeña empresaria autónoma con tienda de artículos eróticos que factura mínimos le ha sentado de maravilla la separación. Se ha convertido en una emprendedora con conocimientos on line y parece triunfar en la vida. Su competitividad le ha hecho perder amistades y socios pero ha superado a su ídolo, un antepasado familiar que desde la pared solo le falta guiñarle un ojo. Atrás ha quedado su yoga y Feng Shui, el cuidado de los hijos y de un marido que ni le agradecía sus detalles ni se acordaba de momentos y fechas especiales. Es una mujer moderna, del siglo XXI , segura de si misma que parece no necesitar a un hombre a su lado, una mantis que se comería tu cabeza después de hacer el amor.

Por el contrario Adrián parece que ha salido perdiendo con el cambio. Sigue trabajando en el concesionario de automóviles de toda la vida pero sin guía ni compañera se siente perdido y su vida se ha convertido en un caos y un loco descontrol animado por las ideas tontas de un compañero y amigo que le está llevando por la calle de la amargura. 

Juana Macías, directora de Embarazados, otra comedia como esta que ponía en guerra a hombres contra mujeres o mejor dicho los comparaba elogiando a unos y señalando defectos en otros, revela un mensaje ligeramente feminista acorde con leyes y movimientos modernos que siguen la moda de hoy en día pero que últimamente están siendo criticados. Las ideas en teoría son muy bonitas y respetables pero en la práctica a veces responden a intereses individuales egoísta. Este desvío del tema viene a colación por la gran mayoría de escenas en las que la comedia es usada para ridiculizar a un género en particular. En ocasiones finta hacía un lado y se va hacía el otro, como el ridículo protagonizado por Nadia en la casa de su jefe pero es solo un espejismo, pues en cuanto puede vuelve a dejar mal al género masculino al que ve inmaduro, juerguista, vago y propenso a cometer todo tipo de tonterías cuando está solo o en compañía de otros hombres. Ficha a mujeres y las coloca en profesiones y puestos de responsabilidad normalmente ocupados por hombres, como jefe de tienda o camarera escucha penas y empodera a mujeres que parece se han liberado del yugo opresor y del patriarcado del que tanto hemos oído hablar últimamente y me resulta raro escuchar esta diatriba sabiendo que en el guión han intervenido dos hombres con lo que deduzco que quizás la idea era mofarse de ciertos estereotipos y clichés respetando las ideas que cada uno tengamos con respecto a este tema. 

Bajo el mismo techo

Dejando a un lado este tipo de cuestiones, nada técnicas y si más temáticas o argumentales, la verdad es que Bajo el mismo techo no supone una notable contribución a la historia del cine pues su banda sonora no tira para atrás, su fotografía es más bien normalita y no distingo desde la distancia de mi butaca ningún plano digno de alabar y eso que me he puesto las gafas de lejos. La guerra de los Rose, del bajito Danny de Vito o la comedia Separados, del grandullón Vince Vaughn, contaban más o menos lo mismo que Bajo el mismo techo pero el reparto estaba mejor aprovechado. Es una pena que teniendo a dos  máquinas como el popular El Rancio de La que se avecina y su hermana loca en la misma serie, los gags solo sean visuales y con poca chicha. Demasiado típico tópico que no resulta efectivo y que cojea sin muletas y sin estoque. 

Pasado, presente y futuro se unen en un mismo lugar, a los ojos de una hija trotamundos con novio mochilero que no habla nuestro idioma, lo mejor que hicieron estos dos cómicos que creen en momentos bizarros y en venganzas violentas pasadas a fuego y agua. Dos almas obligadas a entenderse cuando el amor ha entrado por la puerta y ha salido por la ventana de una patada en el culo.

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