Festival de Sevilla 2019 (Sección Oficial): “Dios existe, su nombre es Petrunya” y “El reflejo de Sybil”

Virginie Efira y Zorica Nusheva, protagonistas de El reflejo de Sybill y Dios existe, su nombre es Petrunya, respectivamente, demostraron que una de las decisiones más difíciles del jurado del Festival de Cine Europeo de Sevilla fue elegir a la mejor actriz que finalmente recayó con justicia en la actriz macedonia.

Dios existe, su nombre es Petrunya (Teona Strugar Mitevska)

Dios existe, su nombre es Petrunya

Procedente la Sección Oficial del Festival de Berlín, Dios existe, su nombre es Petrunya supone la quinta película de la directora macedonia Teona Strugar Mitevska, aunque es la primera que vemos en España. La cinta que nos ocupa sitúa a su protagonista, la Petrunya del título, en la encrucijada de devolver la cruz de madera obtenida en una festividad eclesiástica donde supuestamente solo pueden participar hombres.

Strugar Mitevska acoge el conflicto de Petrunya con sentido del humor pero sin dejar de cargar las tintas en las miserias cotidianas. Afortunadamente, Dios existe, su nombre es Petrunya se aleja de la sordidez tan habitual en cierto cine de autor a la hora de abordar los problemas de las mujeres en estos entornos tan clásicamente machistas. El excelente trabajo de guion, la cuidada puesta en escena, huyendo de la manida cámara en mano, y la sutil composición de la actriz Zorica Nusheva, ganadora del premio de interpretación en el festival sevillano, aúpan la película. Aun así, cierto trazo grueso en algunos personajes y la excesiva verbalización de los conflictos alejan a Dios existe, su nombre es Petrunya de ser una película notable. De todos modos, son estos defectos menores en una obra que tiene claro donde quiere llegar y cómo transmitir sus ideas, abriendo un halo de esperanza final ya que las revoluciones comienzan con pequeños gestos como el de Petrunya.

El reflejo de Sybill (Justine Trier)

El reflejo de Sybil

La directora Justine Trier alcanzó la gloria con su debut, La batalla de Solferino, película que aunaba comedia y drama, con un conflicto individual enmarcado en una manifestación social, elegida como una de las mejores de su año por Cahiers du Cinema. Su segunda película, Los casos de Victoria, fue vista como una película francesa más, de las de millones de espectadores, con lo que pasó sin pena ni gloria crítica. Mucho se esperaba de su tercera película, El reflejo de Sybil, donde repite con Virginie Efira e incorpora a Adèle Exarchopoulos y Gaspard Ulliel.

El reflejo de Sybil remite inevitablemente a Bergman al proponer una historia de corte psicológico donde dos mujeres, una psicoanalista y una actriz, terminan encerradas en una isla intentando recomponer los pedazos sentimentales de ambas. Mediante caprichosos flashbacks iremos conociendo el turbulento pasado de Sybil y dando cierto sentido a sus comportamientos en el presente. A esto se añade una tercera capa en la que Sybil escribe una novela basada en los personajes que encuentra en el rodaje liderado por el personaje de Exarchopoulos. Estos mimbres podría haber dado lugar a una compleja película, pero Trier no logra que la narración fluya orgánicamente y estos saltos y confusiones narrativas en vez de añadir complejidad solo lastran el conjunto. Los personajes toman decisiones incongruentes, caprichosas, más fruto del empeño por sorprender con un giro de guion que por mera cuestión natural. Así, la suspensión de incredulidad que hay que realizar como espectador acaba costando un salto de fe excesivo que acaba provocando la desconexión con la película, a pesar del enorme trabajo de Virginie Efira.