Cazafantasmas: Más allá

Cazafantasmas: más allá, exáctamente lo que esperas

Antes de empezar la proyección de Cazafantasmas: más allá, los asistentes al pase de prensa recibimos un pequeño vídeo de Jason Reitman diciéndonos que si nos encantaban las películas originales estábamos a punto de meternos en la caza de easter eggs más grande de nuestra vida. Si al leer esto te has emocionado, felicidades: vas a disfrutar de esta secuela como un gorrino en una charca. Si has entornado los ojos y pensado que ya vale de nostalgia barata, sigue leyendo. Quizá haya algo más de lo que crees.

Cazafantasmas: Más allá

Cazafantasmas: más allá es un baño de nostalgia. Pero no un baño normal: es meterse de cabeza en una piscina llena hasta los bordes y hacer un par de largos antes de salir e intentar montar una película normal entre toda la nostalgia que se nos ha quedado pegada. Todo lo que te gustó de la película original está aquí, con resultados desiguales. Cuando Trevor, el nieto de Egon Spengler, encuentra el coche de los Cazafantasmas, ya ajado y lleno de barro, es un momento precioso y un bonito homenaje a la saga. Sin embargo, cuando un grupo de pequeños Marshmallows cobran vida sin motivo alguno, se nota que una nota del estudio les obligaba contractualmente. Pero, ¿hay algo más que la nostalgia en esta película o es mejor quedarse en casa con los recuerdos (y el Blu Ray)?

Por suerte, hay algo más. Obviamente, la tan esperada Cazafantasmas 3 no va a ocurrir nunca, y dejar morir la franquicia no es una opción. La versión de 2016 fue un intento quizá demasiado arriesgado de rejuvenecer la franquicia con un nuevo equipo en una época en la que el público aún no estaba quemado por la nostalgia excesiva. Con todo, era una película divertidísima en la que muchos vieron la oportunidad para sacar de paseo su misoginia y su queja por “los tiempos políticamente correctos”, sin darse cuenta de que lo políticamente correcto y aceptado era, bueno, exactamente lo que han hecho en Cazafantasmas: más allá: renovar las cosas lo justo pero tranquilizando continuamente a los fans con vestigios de otra época. Nunca llega a ser lo suficientemente nueva ni lo suficientemente nostálgica… Y, mientras la ves, el pase de malabares funciona.

Puede que en estos cinco años hasta los fans más duros se hayan acostumbrado a que los diferentes estratos de la sociedad tengan representación en la pantalla, o puede que respiren tranquilos mientras piensan “Fiú, al menos no son cuatro mujeres” y por eso no haya habido tantas quejas con este nuevo grupo de cazafantasmas, paradójicamente lo más variado posible: hay una niña en el espectro autista, un niño asiático, una afroamericana y un chaval que bastante castigo tiene con ser eternamente “el de Stranger Things”. También es verdad que parte del reparto original hace aparición, calmando los ánimos enfervorecidos de los más recalcitrantes

Cazafantasmas: Más allá

Lo mejor de esta Cazafantasmas: más allá es que dentro de la poca originalidad y la previsibilidad con la que se va desarrollando la trama, básicamente llenando un checklist ( que ya ha salido antes, check; vídeos de los Cazafantasmas originales en YouTube, check; pistolas de rayos, check) y del cambio de tono, apartando la durante gran parte de sus dos horas de metraje, es entretenidísima. Además, se toma su tiempo en empezar, algo que se agradece, haciendo esperar al público para dejarle ver lo que quiere ver, ya sea el coche, las trampas o un pseudo-Moquete. La tensión no está provocada tanto por elementos de la historia en sí como por elementos meta que el público conoce. La película no trata de sorprender, sino de jugar a ‘¿Dónde está Wally?’. 

Eso sí, es de agradecer que, pudiendo ser un simple divertimento y un pie de página en la historia del cine, esta película tenga ciertas aspiraciones. En su guion habla de aceptar el paso del tiempo, pero también de la importancia de la familia, el amor incondicional y la amistad en tiempos modernos. Todo ello sin dejar nunca de ser una película divertida sobre niños que cazan y que intenta recuperar el espíritu de Amblin sin dejar de lado la complejidad del siglo XXI.

Entonces, ¿qué? ¿Todo es bueno en Cazafantasmas: más allá? Tristemente, la nostalgia excesiva lastra la película, porque los “easter eggs” son más bien martillazos en la cara continuos, que culminan en una escena final en la que, si no entras en la sobreexcitación nostálgica, te espera un rato bastante desagradable. Todo lo que temía que fuera este reboot está encapsulado en sus quince minutos finales: una reverencia a los tiempos pasados y una explosión de “Esta es una película que solo quiere divertir” que choca frontalmente con lo que nos han contado durante los otros 105 minutos en los que la nostalgia estaba usada como símbolo del cambio y la renovación.

Cazafantasmas: Más allá

Aún con todos sus hallazgos, Cazafantasmas: más allá es continuista. Tiene sus detalles aquí y allí, pero no va a haber nada que os sorprenda: es exactamente lo que pensabais que sería, para lo bueno y para lo malo. Divertida, inocua, repleta de efectos especiales, nostálgica y, sobre todo, absoluta y totalmente vacía. 

Cazafantasmas: Más allá (Jason Reitman, 2021) ⭐️⭐️⭐️

Cazafantasmas: Más allá

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