X-Men Días del Futuro Pasado: borrón y cuenta nueva

 

siempre ha sido un intenso. Uno de estos tipos que hacen cine con el ceño fruncido y apretando muy fuerte los ojos porque lo que cuenta es muy importante. Afortunadamente, también es un señor que sabe que está haciendo películas de que tienen que ser divertidas, a su modo. Y mejor que se quede así porque cuando ha intentado hacer otra cosa hemos sufrido mucho.

X-Men: Días del futuro pasado recupera una de las series más aclamadas de La Patrulla X allá por lo años 80, aquella en la que Kitty Pride viaja al pasado para impedir un hecho que cambiará la historia de la humanidad y producirá el exterminio de los mutantes. Aquí, por exigencias del guión y de la comercialidad del asunto, es el que viaja a los años 70 para impedir la tragedia y encontrarse con un maltrecho Profesor X interpretado por James McCavoy.

La intención de Singer con X-Men: Días del futuro pasado está clara una vez vista la película: arreglar un poco el desaguisado producido por las dos mediocres películas de Lobezno e incluir dentro del canon a la notable X-Men: Primera generación. De hecho esta película funciona más como continuación de la cinta de Mathew Vaughn que como anexo al resto de la filmografía de los mutantes. Así, encontramos múltiples referencias y guiños a todo lo sucedido anteriormente en la saga, del mismo modo que encontramos muchas preguntas sin respuesta (sobre todo a raíz de acontecimientos sucedidos en La decisión final y Lobezno Inmortal). Pero que no se asusten los no iniciados, esto no es un Trivial Pursuit Mutant Edition. Singer mantiene un tono similar a las primeras películas de X-Men donde la seriedad no era incompatible con el entretenimiento.

X-Men: Días del futuro pasado

Destacar a alguien dentro de un reparto con los nombres de Jackman, Fassbender, McCavoy, Lawrence y Dinklage es difícil ya que todos tienen el suficiente carisma como para que resulten efectivos hasta recitando las Páginas Amarillas. Si me tuviese que quedar con alguien lo haría con el duo que forman James McCavoy y Jennifer Lawrence a la hora de afrontar sus respectivos conflictos. Sin duda el que sale peor parado es ya que su personaje es demasiado unidimensional, es decir, un malo muy malo.

Sin llegar a los niveles de excelencia de X-Men: Primera generación, la película de Bryan Singer sienta las bases para que podamos disfrutar de una multitud de nuevas lineas narrativas que borran de un plumazo todo lo acontecido en las anteriores películas. Un borrón y cuenta nueva que veremos como evoluciona en X-Men: Apocalypse, ya prevista para 2016.

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era “una del espacio”. Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

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