Tú eres el siguiente, gore de vieja escuela

 

No siempre nos llegan a la pantalla grande muestras de cine de en su vertiente más gore. Desde que el cine japonés hiciese estragos más allá de los 90, parece que sólo la saga Saw había tenido el favor del público, poniendo de moda un terror algo más psicológico y menos basado en la hemoglobina. Es cierto que existe el torture porn de películas como Hostel pero es de recibo reconocer que no es que sea pasto del gran público que asiste a los centros comerciales. Por eso hay que celebrar la llegada de Tú eres el siguiente.

Una familia en una casa en el bosque y unos tipos muy malrrolleros con unas máscaras de animales ensartándalos con ballestas y artilugios varios. Poco más necesita el director  para tenernos pegados una hora y media sin saber, como dice el título, quién será el siguiente. Que sí, que la premisa es medianamente tópica, pero está desarrollada con el suficiente sentido del humor y ritmo para que el festival de sangre no decaiga.

En los 70/80 Tú eres el siguiente hubiese sido un excelente body count en la onda de todos aquellos aspectos de los que se reía ScreamPero ya hemos visto Cabin in the woods y tras su mirada postmoderna al género cualquier otra cosa puede que nos parezca poco. Tú eres el siguiente recupera el gusto de los por la sangre y la bestialidad en un entorno realista y hasta familiar, sin florituras estilísticas de ningún tipo. Quizás sea el punto más flojo de una película a la que un toque a lo Alexandre Aja no le hubiese venido mal.

Tú eres el siguiente

Los diversos giros de guión y el socarrón humor acerca Tú eres el siguiente al público actual que parece no poder vivir sin cierta mirad irónica al género. Pero al final es del gore de lo que disfrutamos, de las muertes truculentas y de la eterna heroína que pone a raya a los malos.

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era "una del espacio". Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

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