The Lords of Salem, invocando viejos espíritus

 

¿Quién nos iba a decir que el señor White Zombie acabaría revelándose como un director a tener en cuenta dentro del panorama del cine de terror? Después de los delirios setenteros de sus dípticos sobre los renegados y el origen de Michael Myers, Rob Zombie ha ido depurando su estilo hacia postulados más cercanos al Giallo e incluso rozando al David Lynch más perverso con The lords of Salem, su nueva película.

Tomando como punto de partida la vieja historia de los juicios de Salem, Rob Zombie nos traslada al presente de la localidad de Massachusets donde una joven verá como se le va yendo la cabeza tras recibir una grabación de un grupo llamado The Lords of Salem. Así iremos viendo el progresivo deterioro mental (y físico) de la muchacha al ritmo de la cacofónica música del grupo.

Rob Zombie establece dos mitades en la película donde primero nos introduce el entorno de Heidi, su trabajo en una radio y sus extrañas vecinas, para a la mitad entrar de lleno en la paranoia surreal que invade la mente de la locutora. Esta primera parte de la película es un peaje que hay que pagar ya que se hace algo aburrida por momentos y Zombie no logra transmitirnos con demasiada soltura la progresión del deterioro mental.

Pero entonces llega la locura en la segunda parte donde la narración de los hechos cae y The Lords of Salem se convierte en un bestial caudal de sensaciones donde el mal rollo impera y que es donde Zombie parece encontrarse más cómodo. En mucho ayuda la elección de las tres vecinas de Heidi que no por casualidad están interpretadas por Patricia Quinn (The Rocky Horror Picture Show), Dee Wallace (Las colinas tienen ojos) y Judy Geeson (Miedo en la noche), tres señoras que vivieron momentos de gloria en la serie B de terror de los 70 y los 80. Esta recuperación de viejas glorias termina dando sentido a esta amalgama de referencias que van de Polanski a Kubrick pasando por Ken Russell y, por supuesto, John Carpenter.

Crítica The lords of salem

The Lords of Salem quizás peque de ser demasiado referencial y de tener unos primeros 45 minutos algo morosos pero está realizada con las tripas de alguien que sabe lo que está haciendo y es un profundo conocedor de todos los resortes de un género como el de terror. Su alejamiento de lo puramente gore y visceral y su enfoque más sensorial y atmosférico es lo que le da puntos y la convierte en una pequeña joya que tal vez sólo sea apreciada por los amantes del género.

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era "una del espacio". Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

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