The Guilty, llamadas a medianoche

 

¡No pueden estar equivocados público y crítica! Los dos han hablado maravillas de este film de suspense danés que ha sido seleccionado para representar al país en los Oscar del 2019 y ya entiendo el porqué. The Guilty maneja muy bien al espectador, jugando con él y llevándolo a su terreno, haciendo que participe al imaginarse diferentes escenas invisibles que se describen solo con voces a través de un auricular en posesión del agente Asger Holm, el único protagonista de la película. Este policía que se encuentra castigado en una centralita recibiendo llamadas del servicio de emergencias va a descubrir una noche, la última antes de una sentencia importante el miedo y también la impotencia de no poder actuar ante un caso de violencia de género con posibles víctimas menores. Son horas frenéticas en las que cada conversación cuenta, en la que es necesaria una calma, saber estar y experiencia que en principio no se le presupone a tenor de una acción pasada que no deja de atormentarle y que ha hecho fracasar su relación de pareja.

The Guilty

No han sido necesarios muchos escenarios ni tampoco un número importante de secundarios para The Guilty, aquí solo le acompañan en una soledad que él busca antes de la tormenta futura. Los desconocidos y conocidos que desfilan ante él a través del teléfono no tienen rostro pero llegamos a conocerlos y entendemos sus vidas y sus acciones pese a que nunca hemos llegado a verlos en persona.

Iben, Michael, su hija y Rashid, amigo y compañero de Asger son unas sombras que aparecen y desaparecen en diferentes momentos aportando su granito de arena a la historia, ayudándolo a redimirse de sus pecados y a perdonarle unas culpas que le persiguen allá por donde va. Iben es la mujer que abre el melón, indefensa y asustada pide auxilio a quien menos esperaría, un interlocutor que pacientemente escucha su problema e intenta solucionarlo de la mejor manera posible aunque esta no sea la más correcta según el manual. Michael es en principio el malo de la película, un hombre enfermo que ha cometido un cruel delito y que no atiende a razones. La hija de ambos, es la inocencia y la ternura personificadas, una desvalida niña que conversa con Asger en privado y que escucha todos sus consejos sin rechistar ¡increíble la manera en la que describe la casa y lo que sucede en ella!
Rashid es el ayudante capaz de mentir por él, capaz de allanar una morada o investigar en algún lugar desconocido posibles pistas que ayuden a su compañero a salir de esta.

The Guilty es un scandi noir diferente, con limitaciones de presupuesto que pone en gran valor a Gustav Möller y a este Jakob Cedergren que aquí se sale con un retrato intimista de un ser humano que se mueve por impulsos a veces violentos y poco meditados. Es la crónica de una muerte anunciada y el resurgir del héroe, vestido en esta ocasión, de oficial de policía que se convierte un salvador de causas perdidas y psicólogo por hora sin diván. Todo lleva a un asfixiante y claustrofóbico sentido y sensibilidad que debe solucionarse a contrarreloj, con un tiempo que pasa volando y ya no regresará. Un intenso drama que abandona la acción en primera persona y que solo se cuenta a través de sonidos que no distraen sino que te introducen de lleno en la narrativa, un guión escrito por el mismo director.

The Guilty

Los primeros planos de The Guilty potencian la carga emotiva que sufre tanto el protagonista como aquellos que orbitan alrededor de él, silencios a veces demasiado largos que acrecientan la sensación de inestable serenidad por la que se mueve como pez en el agua este castigado servidor de la justicia. En su tour de force, anónima para unos cuantos, los obstáculos son atravesados casi sin pensar, las dificultades y peligros van complicando un desafío con difícil solución, más si cabe cuando cierto giro argumental cambia la psicología de algunos de ellos y la manera de interpretar sus acciones alocadas y carentes de un sentido racional.

Algunos dirán de The Guilty que es una acertada propuesta alejada de convencionalismos, una experimentación en toda regla que no necesita más de noventa minutos para desarrollarse, yo sigo estos mismos planteamientos añadiendo además algo de mi propia cosecha, pues creo que puede marcar un antes y después en producciones de este tipo que apuestan, hoy en día, casi todas sus cartas en una acción dirigida sobretodo a potenciar más aquello que tenga que ver con lo visual sobre lo sonoro. La excepción confirma mi regla de que lo distinto apetece se tengan o no conocimientos técnicos de cine. Lo que te entra por los oídos puede superar a lo que te entra por los ojos y además ¡Por fin no conozco finales a mediados de la película! No hace falta ser un Shyamalan de la vida para conseguir esto.

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