Star Wars: Episodio 1 – La Amenaza Fantasma 3D

 

Por mucho que nos pese tiene que comer, alimentar a su familia y sostener a sus trabajadores. Por eso es lógico que intente sacarse unas perrillas tuneando las películas que ya ha hecho y reestrenándolas, en este caso en . También parece lógico que se empiece por este Episodio I: hacerlo por el IV hubiese supuesto un gasto estrambótico y una complejidad técnica apabullante. La Amenaza Fantasma está rodada casi íntegramente en cromas con lo que la dificultad es mucho menor y los resultados así lo demuestran.

El tema de las conversiones de 2D a 3D siempre es complejo y hay de todo: desde la desastrosa Furia de Titanes a el aceptable 3D de Capitán América. Evitar el efecto recortable es cuestión de tiempo y, por tanto, dinero. Es de agradecer que Lucas se haya dejado la pasta para que el resultado sea de lo más satisfactorio. Los paisajes cobran una gran profundidad y los personajes no parecen muñecos de South Park andando sobre fondos generados por ordenador. Por una vez no podemos achacarle al bueno de George que nos haya intentado vender una moto sin sentido.

El único pero que le podemos poner es que el 3D no aprovecha todo su potencial hacia el exterior, es decir, la parte donde las cosas vienen hacia nosotros. Parecería como si la intención hubiese sido crear una ventana para que nos asomásemos al mundo de Tatooine. Y en ese caso un 10 para la conversión

Lo que tampoco han arreglado mucho es la película en si. La Amenaza Fantasma sigue siendo la más aburrida y pesada de las seis películas de la saga. Siempre nos quedarán los grandes momentos puntuales: la carrera de vainas y el tercio final con las clásicas historias en paralelo. Y al encantador e incomprendido Jar Jar Binks, por supuesto.

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era “una del espacio”. Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

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