Sitges 2015: Macbeth, tragedia traicionada

 

Cuando se tiene la intención de adaptar un éxito o emblema literario a la gran pantalla se debe tener en cuenta en primer lugar qué innovaciones e intenciones se desean incorporar. Cuando una película se olvida de ello acaba convirtiéndose en un film insulso o lo que es peor, en una obra innecesaria. La adaptación cinematográfica del clásico literario de , Macbeth, por parte del director Justin Kurzel es sintomática de este problema. Desde el Macbeth de Orson Welles o el de Akira Kurosawa (Trono de sangre) muy pocos han conseguido adaptar con originalidad o intenciones claras una de las tragedias más importantes de la historia de la literatura.

La película de Kurzel es una simple conversión de obra teatral a obra ¨cinematográfica¨ que se dedica plenamente a crear una atmósfera y estética convincente y se olvida de entender el argumento y añadirle matices. Es admirable la decisión de trasladar los diálogos en verso de la obra original a la gran pantalla con pequeñas adaptaciones. Realmente es la única decisión arriesgada a la que se enfrenta el film y no consigue solventar al completo, quedando muchos de los diálogos vacíos y no creíbles.

MACBETH

Uno de los contundentes errores de la película es la poca importancia y relevancia que ofrecen a Lady Macbeth. , pese a ser un grandísimo actor, no acaba de afrontar con solvencia el papel protagonista quedando muchos de sus diálogos como simples recitaciones sin sentimiento. Por otro lado, , que es la única capaz de transmitir sensaciones a través de sus diálogos, queda relegada y en un segundo plano. El único gran monólogo que esta tiene es infinitamente superior a todos los de Macbeth. Estéticamente la película tampoco llega a convencer, se insiste demasiado en primeros planos para transmitir los sentimientos que los protagonistas no saben interpretar, se abusa de la cámara lenta en las batallas y la apuesta por unos decorados intencionadamente pobres hacen que la película probablemente hubiese funcionado mejor encima de un escenario.

Carlos Murcia

A los 14 años descubrí mi pasión por el séptimo arte. Desde entonces nadie ha conseguido despegarme de la gran pantalla. Apasionado no solamente del cine sino también de las series de televisión, los mediometrajes, los cortometrajes, los documentales o cualquier tipo de representación audiovisual. Fiel devoto de Lars von Trier, admirador del cine japonés y de los grandes directores clásicos y de la modernidad. En definitiva, amante del cine como fuente de sabiduría con la que aprender y crecer como persona.

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