Seeking a friend for the end of the world, lo que está por llegar

 

El fin del mundo tratado desde una perspectiva realista es un tema tan fascinante como poco explotado en el cine. Por un lado, tenemos las películas que se centran en el lado catastrófico del asunto como Deep Impact o 2012 que no pasan de ser meros artificios para demostrar el poderío del departamento de efectos especiales. Por otro lado, me vienen a la memoria un par de películas como El tiempo del lobo de y Melancholia de que, en cierto modo, intentaban darle una perspectiva humana al asunto.

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Seeking a friend for the end of the world parte de la misma premisa que las ya nombradas. Se anuncia que el fin del mundo se acerca en tres semanas y la gente pues empieza a organizarse. Aquí nos centramos Dodge que ve como su mujer le abandona y se embarca en un viaje con su vecina en busca de un viejo amor. El desconcierto inicial está bien mostrado y resulta curioso pero en el momento en el que aparece el personaje de la vecina interpretado por la cosa se hunde en un festival de tópicos cansinos.

Steve Carell aporta su economía de gestos habitual para dar vida a este tipo gris pero simpático que no sabe reaccionar a lo que está pasando a su alrededor. El caso es que el personaje le viene ni que pintado a Carell con esa mezcla de angustia existencial y cara de nada, pero el problema es que con en su corta filmografía ya le hemos visto hacer eso. Por su parte Keira Knightley adopta un rol de Manic Pixie Dream Girl  treméndamente insoportable que en poco ayuda.

Obviamente la culpa de todo esto es de la directora y guionista Lorene Scafaria que está más empeñada en hacer una película mona que en hacer una película buena. Y nos engaña con el título porque aquí no se habla de la amistad, que podría haber sido un buen tema, ni se habla del fin del mundo. Al final nos monta una romántica en forma de road movie que no tienen ni chichá ni limoná.

Aun nos tiene que llegar la gran películas de fin del mundo. Por mi parte tengo puesta las esperanzas en que estos tres señores se comporten.

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era "una del espacio". Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

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