Río, vivos colores apagados

 

Río es la típica película que sobre el papel y el trailer no admiten engaños. No vamos a volver a hablar sobre la supremacía de otros estudios en el mundo del cine de animación. Pero parece que el resto ya ha encontrado una posición acomodada y no piensan ponerse las pilas en hacerle la competencia a quien ya sabemos.

Carlos Saldnha, aparte de ser brasileño, viene de encargarse de la saga Ice age y de Robots, película que no he visto. Las de Ice age son esas películas que están ahí, te entretienen un rato, no molestan y a otra cosa mariposa. Y parece ser que el pobre Saldanha no se quiere esforzar mucho más. Porque siendo este hombre de Río de Janeiro supongo que esto tiene que ser lo más parecido a un proyecto personal que ha hecho en su vida. Pues ni así consigue transmitirnos una pizca de emoción, ritmo y sabor de lo que debería haber sido un festival de color y sonido. Que entiendo que si el director es de Wisconsin pues el carnaval de Río se la trae al pairo pero se supone que este hombre te tendría que haber contagiado el amor por sus raices.

El principal problema de Río es que no hace falta ser muy lince para ver las referencias manejadas: un animal fuera de su entorno natural (Madagascar) que se queda huérfano (Buscando a Nemo), paisajes exóticos (Up), un par de secundarios chistosos (esto viene de serie en casi todas) y unas cuantas gracietas incorrectas (Shrek). Como curiosidad mencionar los múltiples guiños al juego Angry birds ya que aparecen todos los personajes del juego en algún momento de la película. En cuanto al , pues más de lo mismo en la desgana. Lo que podría haber sido sublime pues se ve desaprovechado.

Al final todo se queda en un aceptable entretenimiento que tampoco aburre demasiado si no nos ponemos picajosos. Pero claro si antes te han puesto el trailer de Cars 2 pues como no vas a comparar.

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era "una del espacio". Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

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