Requisitos para ser una persona normal, consciente anormalidad

 

Hay que reconocer que se lo ha puesto muy fácil a todos lo odiadores del reino que reseñarán Requisitos para ser una persona normal: la tacharán de cuqui/cursi/moderna, mencionarán a Wes Anderson y, sobre todo, nombrarán a Amelie Poulain en algún momento. Que Dolera sea plenamente consciente de esto y no se encargue de ocultarlo le honra, aunque también le resta personalidad: ver continuamente unas estrategias narrativas y audiovisuales tan claras no hace más que recordar que la inventiva de Dolera como directora se basa ante todo en la asimilación de logros ajenos. Pero tampoco nos pongamos exquisitos, que, de forma similar, Fast & Furious 7 no inventa nada, es plenamente consciente de lo que es y tampoco nos parece mal.

Requisitos para ser una persona normal es la historia de María de las Montañas que, en su búsqueda hacia una vida mejor, decid ser normal para encajar en su entorno. Como es de esperar, María descubrirá que no hace falta esforzarse en ser como los demás y que lo importante es ser uno mismo. Por fortuna, Dolera (actriz, guionista y directora) sabe que ya sabemos como va a acabar la película y por ello pone todo su empeño en salpicar Requisitos para ser una persona normal  de situaciones tragicómicas de esas que nos sitúan entre la vergüenza ajena y la fascinación, con el horno holandés como principal referente.

Requisitos para ser una persona normal

Para llevar a cabo su proyecto, claramente personal, Leticia Dolera se ha rodeado de un reparto en el que sobresale la labor de Manuel Burque como comparsa amistoso-romántico. Del mismo modo, la directora dota de ritmo, concisión y empaque visual de chillones colores a un relato más que agradable que enfermará a los más diabéticos del lugar. Avisados quedan.

Todos estos elementos dan como resultado una consciente generacional que pone de manifiesto que Dolera es una narradora más que competente que, aun así, referencia demasiado, costando mucho sacar en clara la personalidad de la directora más allá del estereotipo indie encantador. Un interesante primer paso que deberá ser ratificado para que Dolera entre en la categoría de directores a tener en cuenta. Por ahora tiene nuestra curiosidad, le falta llamar nuestra atención.

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era "una del espacio". Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

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