Open Windows, corriendo riesgos e inventando formas

 

¿Quién le iba a decir a Brian De Palma que tendría en un chaval de Cabezón de la Sal (Cantabria) a su más aventajado alumno? Y no es que lo diga yo, el propio Nacho Vigalondo señala al director italoamericano como una de sus influencias y la verdad es que podría venir firmada por el autor de Impacto o Redacted, dos películas con las que Open Windows parece dialogar.

Lo primero que hay que hacer es alabar el encomiable esfuerzo narrativo desplegado por Vigalondo en Open Windows: toda la película sucede en tiempo real y con el único punto de vista de lo que sucede en la pantalla del ordenador que maneja . Admirable por lo que supone de arriesgado, un salto sin red, ya que son tantas las trampas que el guionista Vigalondo le pone al director Vigalondo que es difícil caer de pie y no romperse la crisma. Pero como ya sabemos, correr un riesgo no debe ser suficiente, sino que el talento debe acompañar para que el experimento salga bien. Afortunadamente Open Windows pasa la prueba del algodón del buen sin proporcionar un solo segundo de respiro al espectador que no tiene tiempo de pensar en lo absurdo e irreal del planteamiento.

Open Windows

Una segunda cosa que también llama la atención es la unidad que refleja la escueta filmografía de Nacho Vigalondo, que con tan solo tres títulos ya parece tener claras sus motivaciones y obsesiones. Open Windows se engarza con Los cronocrímenes y Extraterrestre en el tema del individuo forzado por una amenaza externa a actuar en contra de su voluntad. Vigalondo parece cumplir la máxima de Hitchcock cuando decía que todos los directores hacen la misma película una y otra vez. (Uy, hemos mencionado a Hitchcock y a De Palma en el mismo texto)

A pesar de montar un mundo paralelo que no existe, Open Windows pretende hablar con desigual fortuna de un tiempo en el que vivimos rodeados de cámaras, portátiles y móviles que suponen una amenaza a nuestra privacidad. Es este mensaje el que queda más diluido en parte por un escaso desarrollo de personajes, que a pesar de ser poco numerosos, no pasan de ser marionetas en manos de Vigalondo. Así, las presencias de Elijah Wood y Sasha Grey quedan reducidas a unas caras en un ordenador y no consiguen hacerse carne.

Si tuviésemos que ponérselo fácil al espectador podríamos decir que Open Windows es un Los Cronocrímenes hipervitaminado: comparte con ésta su continua inventiva narrativa que hará llegar a Nacho Vigalondo muy lejos, y por supuesto a pegarse algún traspiés con tanta experimentación. Pero benditos sean los directores dispuestos a correr riesgos, inventar nuevas formas y salirse de las normas establecidas. Los preferimos a los que solo pretenden copiar esquemas hollywoodenses.

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era "una del espacio". Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

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