No respires, tres ratones ciegos

 

Aquí llega una de las sorpresas del año. No respires, del uruguayo Fede Álvarez, es un film de de presupuesto exiguo que ha sorprendido a la crítica y al público al otro lado del charco. Había prometido en su tráiler emociones fuertes y momentos de auténtica angustia, con tres inocentes víctimas que eran acosadas por un invidente con muy mala leche. Ahora sabemos que estos tres jovenzuelos son unos ladrones de poca monta que quieren dar el golpe del siglo en Detroit intentando quitarle a este hombre, un ex soldado con un trauma bastante severo, todo su dinero. El tiro les saldrá por la culata. Los asaltantes pronto se darán cuenta que esa casa en realidad será una cárcel para ellos con un guardián que no dudará en usar cualquier arma contra ellos. Acompañado de un rottweiler salido del infierno, los perseguirá con luz o a oscuras hasta dar con ellos. No hay escondite ni escapatoria posible. Por cierto ¡es mala idea ocultarse o buscar la salida a ese laberíntico lugar en el sótano! La sorpresa que allí les aguarda tiene nombre y apellidos y esa sí que respira.

No respires

En No respires no hay una calma que anteceda a la tempestad, ya desde el primer momento con ese plano secuencia de arrastrando el cuerpo de una joven, sospechamos que no van a dejarnos descansar ni un segundo. Los tiernos momentos de Rocky con su hermanita prometiéndole un viaje lejos de allí, son una excepción.

No hace falta presentarnos a un monstruo o a un ser sobrenatural para asustarnos, el mismo ser humano puede cometer el mismo tipo de atrocidades usando una violencia desmedida, justificadas por un fallo del sistema. El débil e indefenso cieguito que al principio cae bien y parece ser inocente se convierte en un segundo en una sanguinaria máquina de matar que no dejará títere sin cabeza convencido de que está combatiendo en una nueva misión en la que debe ser el triunfador.

Guiños a clásicos como Cujo o El silencio de los corderos dan una idea de lo que los espera. Persecuciones interminables atravesando absolutamente todas las habitaciones y rincones visibles o invisibles de esa casa, ataques caninos de una fiereza inusitada o sádicos psicópatas salidos de las peores pesadillas y con las peores intenciones del mundo. Si no andan con cuidado pueden encontrar la muerte cuando menos se lo esperen, escondida entre las sombras. En la oscuridad el ciego es el rey.

No respires

En No respires los diálogos no importan, los silencios se llevan la palma y tienen mucho más contenido que las pocas frases con las que se comunican los protagonistas ya sea en voz bajita o con mensajes de móvil. Los sonidos no verbales los rompen cada vez que pueden provocando más de un sobresalto entre los espectadores. Detonaciones sorpresa, llamadas de teléfono o alarmas con un timbre estridente son utilizadas para acrecentar si cabe el desánimo entre el público asistente. San Raimi sabe mucho de todo esto y si no que se lo digan a la joven Alison Lohman en Arrástrame al infierno. Se nota la mano del productor en esta producción independiente que espera repetir éxito en Europa.

Después de correr más que nadie y de enfrentarse y mirar al mal a la cara, todos esperamos que el superviviente o supervivientes triunfen allá donde otros han fracasado. Los deseos pueden convertirse en realidad o ¿quizás no?

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