Especial Nicolas Winding Refn: FEAR X (2004)

 

Otros cuatro años se tomó para levantar el que debía ser el proyecto que le lanzase al estrellato internacional, su debut en inglés con como protagonista. Fear X se alejaba de los postulados sucios y nerviosos de sus dos anteriores películas para abrazar el pesadillesco puro y duro.

Fear X

Turturro interpreta a Harry Caine, un vigilante de seguridad en un centro comercial que ha perdido a su mujer en un asesinato sin resolver. Obsesionado con el tema comenzará a buscar pistas en cualquier lugar, hasta encontrar una fotografía de una mujer que podría estar relacionada con el caso.

Fear X bebe directamente de las fuentes del David Lynch de Terciopelo azul y Carretera perdida, pero extremando aun más si cabe el carácter abstracto de la trama. Refn está más interesado en la investigación, mediante un brillante uso de las pantallas y fotografías (digitales e impresas) para establecer un juego de puntos de vista donde comprobamos que la verdad no es una, sino una suma de estos modos de ver. Parando, rebobinando y repitiendo las imágenes que componen el relato, Fear X compone unas atmósferas que también recuerdan inevitablemente a otra película interpretada por Turturro, Barton Fink.

Fear X

Nicolas Winding Refn echó el resto con Fear X y, a pesar de todos sus esfuerzos, estos no se vieron recompensados. Por un lado, su película acusaba demasiado las deudas con los referentes mencionados y, a pesar de ser un paso adelante en busca de una voz personal, aun existía un desfase entre intenciones y resultados; por otro, su empeño por dar a la película un carácter lisérgico y experimentador, con final anticlimático incluido, propició que los espectadores no conectasen con la propuesta. El fracaso comercial dio lugar así a un interesante , Gambler de Phie Ambo, que narraba los problemas de Winding Refn y su posterior solución: una deuda de cinco millones de coronas danesas, más de 600.000 €, que se pagarían con las dos secuelas de su película más exitosa hasta la fecha.

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era "una del espacio". Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

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