Malavita, mal caldo

 

Hay ocasiones en que cuando todo el conjunto de ingredientes son los indicados, pero el resultado es otra cosa, no lo esperado, y quizás por esa razón, por ser los ingredientes ideales y no estar compuestos de la forma que debería, quizás por eso se es más crítico con el resultado, este es sin duda el caso de Malavita.

Un director más que reconocido y con sobrada y consolidada trayectoria, actores magníficos, consagradísimos, y a los que se les construyen personajes a medida, actores con futuro que se yerguen en lo más destacable de la película, una historia con posibilidades, con muchas posibilidad, demasiadas, tantas que no agarra con fuerza ninguna.

The Family, titulo original que a los distribuidores españoles les debió parecer demasiado obvio, se resume mejor por lo que no es. Habla más de lo que no consigue que de lo que llega a transmitir, y nos deja más intrigados por lo que pretendía que por lo que realmente llega a ser. No es una comedia divertida, no hace reír, las cosas suceden sin más, y no solo llega a ser previsible, sino que se transforma en un despropósito de recursos para incrementar la intensidad en determinados momentos, que te dan patadas en tu mentalidad de espectador, pese a que no pretendas que nada tenga coherencia, o que las cosas tengan demasiado sentido.

Esta película es un despropósito y eso sin entrar en un análisis de la historia, ni de los personajes, donde Robert de Niro se repite sin la gracia de ocasiones anteriores, donde Michelle Pfeiffer no es ella misma, y Tommy Lee Jones apenas pasa por ser un señor que entra y sale de escena y dice una frase sentenciante. La única actuación destacable es la del joven John D’Leo, más que nada porque le toca encarnar al personaje que más posibilidades tendría  junto con el de la hija, pero tampoco creáis que es un detalle reseñable.

Malavita

Malavita cruje y se retuerce con bromas que no encajan, con violencia desmesurada y un sonido, perdón, ruido, que las acompaña y que las hace insufribles como espectador, un desarrollo atropellado, se retuerce en bromas internas con el productor, Scorsese, y hacia las carreras de los protagonistas, pero que el espectador medio no tiene por qué interpretar, ni estudiar después un manual de consumo de esta película, pues no es más que una comedia ligera, y no pasarán diez años y será revisada como una obra maestra, o puede que sí, en cuyo caso, aquí lo menciono: (ejem) está muy divertida la broma de de Niro siendo un mafioso y sus referencias a películas de Scorsese, pero no justifican la película, y he visto película justificarse con mucho menos.

No puedes transformar el entretenimiento en algo que no lo es, porque desmontas el principal argumento que nos queda cuando la película no es una maravilla, que nos hizo descolgar la mandíbula. “Al menos es entretenida” : The Family o Malavita, como queráis llamarla, no lo es, ni tan siquiera eso, y el público de película y palomitas el sábado entrara solo porque Robert de Niro aparece en ella, aunque ya no sea un actor, y porque Pfeiffer es el apellido que escriben al lado, y Besson es el director que la firma, y eso es algo que me pone profundamente triste.

A mí siempre me gusta encontrar un detalle en cada película que veo, en esta ocasión, la escena del periódico del instituto, podría ser ese detalle, si no fuera porque es un recurso visto mil veces en el cine desde los años treinta, donde las comedias tenían un ingenio y una calidad trepidante, cualidades que The Family no tiene, ni se asoma.

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