Los Pingüinos de Madagascar, no pares, sigue, sigue

 

Los pingüinos Skypper, Rico, Kowalski y Soldado aparecieron por primera vez como personajes secundarios en la fundacional Madagascar, robando el protagonismo en ciertas escenas al león Alex, interpretado en su versión original por . De ahí, fueron copando cada vez más minutos en las siguientes entregas, hasta llegar a tener serie propia narrando sus en el zoo de Nueva York. Su carácter desenfadado e insolente ha hecho las delicias de los niños (y mayores) de medio mundo, y ahora debutan en la gran pantalla con una película tan divertida e intrascendente como ellos mismos.

Recuperando ciertos hechos acontecidos en Madagascar 3, los pingüinos emprenderán un viaje que les llevará hasta Shanghai. Los Pingüinos de Madagascar toma un tono de película de espías con un pulpo como enemigo y una coalición formada por un perro, una foca, un oso y una lechuza que forman un grupo secreto de protección de animales. Como se puede comprobar la ración de monería está cubierta con tanto animalillo campando a sus anchas por la pantalla.

Los pingüinos de Madagascar

Los Pingüinos de Madagascar pone el turbo desde el inicio y se convierte en una sucesión de set pieces llenas de humor que hacen que la imposibilidad de pensar ante el torrente de ocurrencias sea su mejor baza. El humor va desde el más simple y eficiente de caídas y gracias infantiles, a roturas de ritmo al más puro estilo , con idea de que los más veteranos también disfruten. Como no podía ser menos, el acabado visual también resulta impecable, alejándose así del aspecto cutrecillo de la versión televisiva.

Donde Los Pingüinos de Madagascar sí resulta algo más deficiente es cuando intenta desarrollar una moraleja de confianza en las aptitudes de aquellos a los que tenemos por inferiores. La historia de evolución del personaje de Soldado detiene la en ciertas ocasiones, en una película que debería haber apostado por negarse a ofrecer ningún mensaje moralista, algo muy en la línea de los desprejuiciados pingüinos.

Los pingüinos de Madagascar

Ahora que llegan fechas navideñas y muchos padres acuden a los cines como si de un evento excepcional se tratase, Los Pingüinos de Madagascar es sin duda una muy divertida y agradable opción. Sobre todo si los niños quieren marcha.

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era "una del espacio". Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

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