Las mil y una noches. Vol. 2: El desconsolado, autoridad, ley y pueblo

 

A medida que uno va adentrándose poco a poco en la trilogía de Las mil y una noches  y va observando y admirando cada uno de los cuentos que crea para retratar una país en , uno se da cuenta de la magnitud y relevancia incomparables de una de las propuestas audiovisuales más ambiciosas y más impactantes del siglo XXI. . Vol. 2: El desconsolado permite muchas ventajas a Miguel Gomes pero probablemente la más importante es que ya no necesita ningún tipo de carta de presentación. El espectador que ya ha visto el primer volumen entiende a la perfección el dispositivo y estructura de la película, ya sabe que Sherezade (actuando como alterego del propio director) va a recitarles una serie de cuentos fascinantes por su carga humana y por las fugas surrealistas que les caracterizan. El papel del espectador, por lo tanto, se limita única y exclusivamente a admirar y dejarse deleitar por las pequeñas narraciones que el director pone sobre la mesa.

Las mil y una noches. Vol. 2: El desconsolado

En este caso, vuelven a ser tres cuentos los que Sherezade relata durante Las mil y una noches. Vol. 2: El desconsolado. El primero de ellos, quizás el más flojo y contemplativo, está dedicado a un anciano que se ha fugado de la cárcel tras ser condenado por asesinar a su esposa e hija. Cargando con una escopeta por las áridas zonas rurales de y teletransportándose de un sitio a otro, consigue vivir como forajido al margen de la ley. Finalmente se entrega, es detenido y llevado de nuevo a prisión. Pero fascinantemente, el pueblo vitorea al asesino mientras lo escoltan a la cárcel. Todo el mundo, especialmente la gente joven, entiende a este forajido como símbolo de rebeldía contra unas autoridades injustas y que hacen un abuso de la ley. Relacionado también con las autoridades y sobre todo con el sistema judicial del país está el segundo cuento del segundo volumen. Probablemente este contenga la crítica más directa, impactante y efectiva hasta el momento de la trilogía.

Reunidos en una especia de fórum griego, una juez preside el juicio contra la demanda de un casero contra sus rentados por haber dejado en la calle los muebles de su piso. Lo que parece un caso simple y que la juez podrá resolver con facilidad se complica hasta límites insospechados. A medida que avanzan las declaraciones los acusados se defienden teniendo argumentos y razones por haber realizado sus crímenes. De manera que poco a poco acusados, nuevos casos y nuevos “crímenes” van aumentando e implicando a prácticamente todo el mundo reunido en el fórum. La jueza acaba con un ataque de nervios al no poder dar abasto con tantos delitos (que implican desde una sordomuda hasta una vaca) donde todo el mundo parece tener motivos de peso para haber cometido sus crímenes. La crítica al sistema judicial portugués es evidente, no solamente por su incapacidad de controlar todos los delitos sino también por la poca investigación que se realiza en los casos, la mayoría cometidos a causa de la extrema pobreza que asola el país. El cuento que culmina el segundo volumen se centra de nuevo en un animal, en este caso un perro que va pasando de amo a amo entre un vecindario asolado por el paro y la pobreza. Pero la narración no insiste en mostrar las malas condiciones en la que viven estos vecinos sino en mostrar su día a día. De hecho en este cuento vuelve a suceder un ejercicio metanarrativo interesante en el momento en el que la pareja protagonista explica la vida de diferentes vecinos del bloque. Este cuento es probablemente el más crudo y real, apenas tiene fugas surrealistas como el resto, y es un retrato del pueblo para el pueblo.

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No hay ningún cuento en toda la trilogía de Miguel Gomes, o como mínimo hasta Las mil y una noches. Vol. 2: El desconsolado que no sea interesante por su contenido realista, por las críticas que oculta y por su tratamiento en el marco del realismo mágico. El segundo volumen, probablemente gracias a que no necesita ni carta de presentación ni conclusión, es el más cómodo, agradable y fascinante, a la espera de lo que Miguel Gomes tenga preparado para el tercer y último volumen.

Carlos Murcia

A los 14 años descubrí mi pasión por el séptimo arte. Desde entonces nadie ha conseguido despegarme de la gran pantalla. Apasionado no solamente del cine sino también de las series de televisión, los mediometrajes, los cortometrajes, los documentales o cualquier tipo de representación audiovisual. Fiel devoto de Lars von Trier, admirador del cine japonés y de los grandes directores clásicos y de la modernidad. En definitiva, amante del cine como fuente de sabiduría con la que aprender y crecer como persona.

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