L’Alternativa 2018: “La casa lobo”, en la boca del lobo

 

Es curioso como dentro de la sección oficial del Alternativa, formada por ocho películas, hayan tenido cabida dos películas de animación. Esto no deja de ser un reflejo de que el campo de la animación está siendo uno de los más ricos en cuanto a experimentación y producción de obras increíbles e interesantes. Afortunadamente poco a poco vamos quitándonos de encima la losa de vincular este género con un público infantil y abriendo las fronteras para no considerarlo un género menor. De hecho, si por casualidad un niño pequeño viese La casa lobo probablemente quedaría traumado de por vida. Es una película de descenso a los infiernos, un experimento Lyncheano que reinterpreta el cuento infantil de los tres cerditos y lo convierte en una pesadilla.

La casa lobo

Después de escaparse de una sociedad utópica alemana situada en Chile y aislada del mundo exterior, María decide refugiarse de un lobo en una casa que encuentra en medio del bosque. La casa se va transformando y va mutando en función de sus sentimientos y los estímulos que va recibiendo. La técnica de animación empleada en la película es única a la par que fascinante y sobre todo abre una puerta a la experimentación del stop motion. Todos los elementos que aparecen en la película están en una transformación y mutación constantes. Los personajes, las habitaciones y los objetos van creándose, destruyéndose y convirtiéndose en nuevas cosas produciendo un efecto hipnótico en el espectador. Hipnosis también inducida a través de la voz de en off de la protagonista que ejerce de guía por la bizarra pesadilla.

La casa lobo recibió una mención especial en Annecy, y no es para menos. Probablemente es un film que podría haber explotado y profundizado en muchas cuestiones por las que solo pasa por encima. Pero el trabajo prodigioso del stop-motion y el creativo imaginario que plantea ya la convierten en una de las películas de animación más interesantes del año.

Carlos Murcia

A los 14 años descubrí mi pasión por el séptimo arte. Desde entonces nadie ha conseguido despegarme de la gran pantalla. Apasionado no solamente del cine sino también de las series de televisión, los mediometrajes, los cortometrajes, los documentales o cualquier tipo de representación audiovisual. Fiel devoto de Lars von Trier, admirador del cine japonés y de los grandes directores clásicos y de la modernidad. En definitiva, amante del cine como fuente de sabiduría con la que aprender y crecer como persona.

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