Insidious: Capítulo 2, si la cosa funciona

 

Ya dimos buena cuenta de nuestra predilección por James Wan dedicándole un podcast el mes pasado. Tal y como comentábamos su pericia no consistía en ser el tipo más original del mundo, sino saber subvertir ciertos códigos del género de entregando productos que cumplían con creces su objetivo de dar un giro de tuerca a un tipo de cine muy dado al estancamiento. Este año ya nos ha entregado la maravillosa The Conjuring: El Expediente Warren y ahora vuelve, dice que por última vez, al cine que le ha hecho famoso con este segundo capítulo de Insidious.

Si la primera parte nos mantenía con la inquietud de saber a qué estábamos jugando, ahora las cartas están encima de la mesa con esta continuación literal, que aprovecha el final medianamente abierto que dejaba su predecesora. Así, estamos en un caso atípico de secuela que funciona como segundo capítulo que carece de sentido si no hemos visto la primera. Los personajes son los que ya conocemos y sólo tenemos como novedad la inclusión de un viejo conocido de Josh cuando niño.

Insidious: Capítulo 2

Todo lo que hacía original a hace que este segundo capítulo nos resulte menos sorprendente. Sería interesante ver las dos películas seguidas, como si de una gran obra de 200 minutos se tratase sin que nos dijesen que forman un díptico. Lo que sí tengo claro es que el estado de nervios con el que acabaría el personal sería considerable debido a los mil y un sustos y momentos de mal rollo, que sin llegar a los de The Conjuring, consiguen tenernos con el culo inquieto y el corazón en la garganta.

Se podría decir que Insidious: Capítulo 2 es un más de lo mismo, pero esto es algo que no debe ser intrínsecamente malo: ya conocemos la mecánica, los lugares y demás elementos, nosotros nos sentamos y nos lo tragamos sin pensar demasiado. El caso es que funciona. Eso sí, una tercera ya no cuela.

 

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era "una del espacio". Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies