Heidi, la niña feliz

 

Hoy mismo me preguntaba una querida amiga sobre la necesidad de películas como Ben-Hur o la Heidi que nos ocupa. Sin haber visto la primera, tengo claro que la existencia de una nueva adaptación de la obra de Johanna Spyri no está de más.

Heidi

No cabe duda que Heidi es un personaje que está en nuestro imaginario colectivo gracias a la labor de Hayao Miyazaki y su serie de 1974. La obra de Miyazaki ampliaba la carga dramática de la novela suiza, tradición lacrimógena que después recogerían otros mangas como Candy, Candy o Marco, de los Apeninos a los Andes. Por ello, no es de extrañar que algunos padres lleven a sus hijos a ver esta versión alemana esperando, con algo de miedo, todo aquel cúmulo de desgracias que la niña protagonista sobrellevaba con resignación y alegría.

En cambio, el director Alain Gsponer afronta la historia con optimismo, sin dejar de lado los momentos más duros, pero suavizando el drama para que no tengamos que tirar demasiado del paquete de klinex. Heidi se presenta como una película donde los temas de la amistad, el amor por la naturaleza y los prejuicios siguen presentes pero sin incidir en cargas demasiado moralistas. Gsponer aprovecha igualmente los paisajes suizos para dar a su película un aire lo menos televisivo posible aunque tampoco es que se esfuerce mucho en que esta versión no pase de lo meramente ilustrativo. Quizás hubiese sido pedirle peras al olmo esperar algo mínimamente innovador.

Heidi

Está claro que lo conocedores de la obra (la novela o el manga) poco descubrirán aquí, pero aun así Heidi puede suponer un buen acercamiento a una historia donde no hay seres de fantasía ni animales hablando. Solo una niña feliz con lo poco que tiene. Y reconozcamos que hay pocos ejemplos en cartelera.

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era "una del espacio". Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

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