Filmadrid Sección Oficial: El complejo de dinero

 

Tras su paso por el Festival de Málaga donde recibió el premio a Mejor Director en la sección Zonazine, nos enfrentamos por segunda vez a la inclasificable El complejo de dinero de , esta vez en el marco del Filmadrid.

La película de Rodrigáñez adapta libremente un texto de la escritora alemana Franziska zu Reventlow que entremezcla la absurda, la fábula política y diversos enredos amorosos sin solución de continuidad ni resolución clara. Un grupo de personajes encerrados en una finca extremeña van divagando por temas tan trascedentes como la naturaleza del dinero o cómo echar el arroz en una paella. El extrañamiento propuesto por Rodrigáñez es de estos que provoca que el espectador se mueva entre la risa nerviosa y la incredulidad por lo patético de lo expuesto. Pero no conviene confundir que esa ridiculez es precisamente la que El complejo de dinero pretende poner en primer plano, siendo sus personajes los afectados y nunca la propia película.

El complejo de dinero

El complejo de dinero es una película que se sitúa por encima de la realidad en el más estricto sentido del término, dejándonos sin asideros narrativos en muchos momentos. La propuesta de Rodrigáñez consiste en situar una serie de teatrillos inconclusos, más interesados en crear una atmósfera de decadencia fuera del tiempo que en ofrecernos una historia, o historias, cerrada. Quizás sea esta una de las dificultades de El complejo de dinero: su estructura derivativa y sin rumbo fijo nos puede provocar enfado o perplejidad; aunque siempre podremos dejarnos llevar por sus anacrónicas imágenes de ridículo romanticismo y disfrutar con una absurda sonrisa en los labios.

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era "una del espacio". Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

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