Filmadrid: Foco Boris Lehman, BEFORE THE BEGINNING

 

En su segundo año ya se ha convertido en ese festival que es imposible de cubrir al completo en todas sus secciones. Como sigue siendo un festival de pequeñas dimensiones los pases no se repiten, lo que obliga al interesado a elegir cada día entre diferentes opciones. Como por aquí somos de ir picando entre todas las posibilidades quisimos acercarnos al menos un día a la retrospectiva (Foco lo llaman aquí) dedicada al cineasta que arrancó con Before the beginning.

Before the Beginning

Presentada por su propio autor tuvimos la oportunidad de ver una de sus últimas obras, Before the Beginning, realizada a cuatro manos por el fallecido Stephen Dwoskin y que el mismo director belga considera un work in progress. Durante un tiempo Lehman y Dwoskin se filmaron mutuamente en busca de una película. Finalmente, la obra mezcla los intentos de montar una película con imágenes que reflejan el trabajo de los dos directores mientras estaban buscando: secuencias llenas de complicidad entre los dos amigos se suceden con otras donde la expresión de las dudas de Lehman acerca del trabajo que están realizando inundan la película de un cierto pesimismo.

De cara a ponernos en antecedentes, Before the Beginning recoge dos piezas antiguas de cada uno de los realizadores con la intención de sumergirnos en los mundos de ambos cineastas. Lehman presenta una pieza donde su propia desnudez es la protagonista, llevando al límite la idea del cine como exhibición autobiográfica; Dwoskin, por su parte, filma su propia discapacidad (estaba enfermo de polio), uno de los temas de su obra según comentó Lehman en el coloquio posterior.

Before the Beginning

Before the Beginning es claramente una película sobre la amistad. Pero sobre todo es una película donde vemos al cine como una herramienta para construir y cimentar esta amistad más allá de los problemas idiomáticos, construyendo un lenguaje propio que parte del cine y acaba en la amistad.

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era "una del espacio". Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

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