Festival de Sevilla: El capital humano, la crisis era esto

 

Cuando dentro de 20 años veamos como el cine reflejó la crisis occidental que vivimos en estos momentos, películas como la argentina Relatos salvajes o la italiana El capital humano nos servirán para darnos cuenta que esto, más que una crisis económica, es una crisis moral: una crisis basada en el mirar para otro lado ante las desgracias ajenas, es decir, un egoísmo social disfrazado con el traje del liberalismo salvaje confundido con la libertad de poder pisar al prójimo sin pudor.

También resulta curioso que El capital humano estructure su narración de modo parecido a Relatos salvajes: sin en la argentina los episodios no tenían conexión más allá de su espíritu, en la italiana las cuatro historias y el epílogo forman parte de un todo que se estructura según los puntos de vista de cada personaje. Cada uno de ellos reacciona y llega al mismo trágico punto de diferentes formas pero con el factor común de que todos ellos actúan, a veces sin tenerlo en cuenta, de forma egoísta, tal y como la sociedad les ha enseñado que deben hacer.

El capital humano

La mirada que posa El capital humano sobre sus personajes no está exenta de crítica pero también se produce un acercamiento para que nos identifiquemos con estos seres que, en un momento dado, podríamos ser nosotros mismos. Nada de esto sería posible sin un magnífico plantel de actores donde destaca Valeria Bruni-Tedeschi encarnando a una Jasmine que ya empieza a ser habitual en nuestra realidad. Asimismo, el balance entre el tono cómico y el hacen de El capital humano una película muy asequible a la vez que entretenida.

¿Y a que estamos esperando en España para tomar el toro por los cuernos y hablar de nuestro presente sin dogmatismos ni maniqueísmo? Capital humano tenemos para hacer no una sino una docena de películas como esta. ¿Será que nos vemos demasiado bien y los malos siempre son los otros?

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era "una del espacio". Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

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