Festival de Málaga: Viral

 

Qué hace una película como Viral en un festival de cine es una de esas cosas que uno no llega a comprender. La única opción que a uno se le ocurre es que las tres caras famosas que aparecen sirvan de reclamo para la chavalería que agolpa las puertas del Teatro Cervantes. Y que a los programadores de la sección ZonaZine solo le interese este aspecto del famoseo. Porque el cine se ve que para ellos es otra cosa.

Viral se supone que va de un concurso que organiza la FNAC (así tal cual, sin pudor, como si de un publirreportaje de la cadena francesa se tratase) que consiste en encerrar a un friki durante una semana en la tienda para que consiga 10.000 fans en una indefinida red social. Y en algunos momentos pasan cosas raras como paranormales y en otros pasan cosas como románticas con una chica. De todos modos, para que no nos despistemos la música se encarga de decirnos en cada momento la sensación que tenemos que que sentir no sea que seamos un poco torpes: ahora miedo, ahora romance, ahora un poquito de drama. 

El caso es que Viral ni siquiera está del todo mal ejecutada. Tiene eso que se llama factura técnica y tanto visualmente como sonoramente no deja demasiado que desear. Ciertos excesos visuales de Primero de Michel Gondry son claramente prescindibles y denotan sobre todo una intención de darle a todo el asunto un punto modernito y joven.

El plantel de actores televisivo y la canción principal de un grupo llamado Auryn, que se supone que es muy famoso, han sido los puntos de atención en un pase de prensa y una alfombra roja posterior que ha convocado a una gran cantidad de público. Pero se supone que esto es ZonaZine, el apartado más independiente, arriesgado y vanguardista del festival, ese lugar donde ver producciones alejadas de la comercialidad. Definitivamente, algo están haciendo mal.

viral auryn

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era “una del espacio”. Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

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