Festival de Málaga: Todos tus secretos, online friends

 

Dos años después de su creación y puesta de largo en este festival, los programadores se han decidido a seleccionar una película del movimiento #littlesecretfilm, por supuesto en Zonazine, la sección paralela a la oficial que acoge producciones más arriesgadas y experimentales. La elegida para la ocasión ha sido Todos tus secretos de Manuel Bartual, una tragicomedia de tinte generacional.

Todos tus secretos narra la historia de diez amigos que ven como poco a poco van saliendo a la luz toda una serie de resentimientos ocultos y medias verdades que terminarán haciendo peligrar la estabilidad del grupo. La particularidad narrativa y estética de la película de Bartual es que está contada desde los puntos de vista de las webcams de los ordenadores que los personajes usan continuamente. Así, la pantalla se quiebra en nueve partes, cada una correspondiente a un personaje. Además, los diferentes bloques de los que se compone la película están contados en tiempo real. El experimento formal funciona por lo divertido de ir viendo a cada uno de los intérpretes deambular delante del ordenador con absoluta naturalidad, aunque conviene señalar que esta técnica también hace que en ciertos momentos Todos tus secretos se estanque en momentos irrelevantes y de espera.

TODOS_TUS_SECRETOS

Más allá de su cuestión formal, Todos tus secretos plantea una interesante reflexión sobre lo vacío y falso de las relaciones contemporáneas: los personajes se mienten continuamente, o bien no dicen la verdad, que no es lo mismo. Pero ninguno de los personajes que aparecen en pantalla quedan como alguien realmente malvado, sino que son supervivientes de la vida que han entendido de forma muy equivocada la función de las relaciones sociales.

El catálogo de egoísmos que presenta Todos tus secretos no invita demasiado a la esperanza que nos puede deparar el ser humano actual. Por no hablar de la evidente preocupación por el escaso contacto físico entre estos amigos que se comunican básicamente por el móvil. A su lado, los conflictos de los Friends de los noventa eran meras payasadas.

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era "una del espacio". Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

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