Festival de Málaga: Los fenómenos

 

Ya empiezan a surgir en el cine español ficciones que se hacen eco de la crísis que vivimos actualmente. Con nos encontramos ante un retrato de los años anteriores al estallido de la burbuja inmobiliaria bajo el prisma de una mujer que tiene que meterse a trabajar en una obra para sacar a su hijo adelante.

Hay muchas ideas interesantes en Los fenómenos que trazan aspectos de cómo nos hemos dejado engañar por un sistema que nos ha vendido un estilo de vida y después nos lo ha quitado de las manos. De todos modos estas ideas están esbozadas en muchas ocasiones con un trazo demasiado grueso, sobre todo en los caricaturescos retratos de los malvados e inhumanos jefe de obra y constructor. Debemos entender que la mejor manera de que entendamos los tiempos que vivimos es darnos cuenta que los causantes de la crísis somos todos, pero no con el mismo reparto de responsabilidades, claro. Pero en poco ayuda que convirtamos a los constructores y sus acólitos en una serie de tópicos acerca del empresario capitalista más malo que un dolor. En este sentido es conveniente recordar la estupenda Margin call que nos mostraba con crudeza como esos malos también son personas.

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A pesar de lo mencionado, Los fenómenos es una película que afronta con bastante credibilidad un retrato femenino encarnado por una espléndida . Todo su interior es expresado con la suficiente falta de aspavientos y dosis de sutileza para que esto no se convierta en un lacrimógeno circo, ni un catálogo de frases hechas acerca de qué es la vida.

Al final, Los fenómenos acaba siendo un muy esforzado retrato social que a pesar de pecar de simplista y algo tópico en su construcción tiene una gran carga de verdad, lanzándonos más preguntas que respuestas. Pero la gran película española sobre la crisis está por llegar y para que llegue hará falta algo más de autocrítica y un poco menos de complacencia. Los fenómenos transita un camino interesante pero aun falta mucho por llegar.

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era "una del espacio". Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

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