Festival de Málaga 2017: LA NIEBLA Y LA DONCELLA, desastroso producto nacional

 

Ha vuelto a pasar. Nos han vuelto colar en este Festival de Málaga un producto que ningún programador en su sano juicio habría puesto en una sección oficial a concurso. Como mucho La niebla y la doncella habría tenido cabida como excusa para traer a la alfombra roja a su más que resultón reparto: , , , , … Porque cine, lo que se dice cine hay bien poco por aquí.

La niebla y la doncella

La niebla y la doncella es una película dirigida y escrita por Andrés Koppel, en otro tiempo prometedor guionista de Intacto, a partir de una novela de Lorenzo Silva (La flaqueza del bolchevique, El alquimista impaciente). Por lo que parece Koppel se ha limitado a replicar la novela en pantalla sin preocuparse de añadir algo más que no sea la investigación policial. Nos encontramos ante una película radiofónica, marca habitual de las producciones de , donde podemos cerrar los ojos sin miedo a perdernos nada de lo que esté pasando. Da igual la imagen. Son solo gente hablando sobre “cosas”, rodadas con escasa pericia y con algún que otro apunte moral de primero de la ESO. Por no tener, no tiene ni trasfondo, o al menos un servidor no ha sabido encontrar cuál era “el tema” de la película, más allá de que en este mundo hay gente que comete asesinatos y que eso no está del todo bien.

Ni siquiera la presencia del plantel de actores anteriormente mencionado salva a La niebla y la doncella del desastre. Poco puede hacer este equipo de profesionales con el pobre material con el que trabajan. No es culpa de ellos que no les hayan dicho que esto no es más que un telefilme hipervitaminado donde solo los paisajes de La Gomera nos sacan del hastío.

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era "una del espacio". Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

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