Festival de Málaga: Casting

 

Las tribulaciones de un grupo de aspirantes a actores en Madrid centran la atención de la película Casting de Jorge Naranjo, vista en la segunda edición del Festival de Cine Español de Málaga. Durante 24 horas veremos cómo estos jóvenes desarrollan sus vidas con el nexo en común de una sesión de casting.

El director Jorge Naranjo pretende con Casting rendir homenaje a todos estos jóvenes que sueñan con algún día conseguir un papel en una producción cinematográfica o una serie. Es en el cariño desprendido hacia sus personajes y la profesión donde radica el mayor valor de esta película. Naranjo muestra respeto y admiración hacia todos los componentes del reparto y su naturalidad y frescura.

Casting hace uso de una estructura de vidas cruzadas muy propia de cineasta primerizo pero que resulta muy compleja de mantener en su totalidad. Es imposible no destacar para mal que no todas las historias tienen el mismo calado e interés. En esta irregularidad radica el mayor problema de Casting: mientras que unos actores y sus personajes destacan por su buen hacer, otros no alcanzan las dosis necesarias de credibilidad, restando fuerza al conjunto y haciendo que perdamos interés a ratos.

La puesta en escena propuesta por Naranjo tampoco resulta especialmente destacable. Casting se mueve entre una indefinición de formato documental (con una cámara excesivamente inquieta) y un esteticismo gratuito en algunos momentos muy propios de no tener las ideas demasiado claras.

A pesar de todo, Casting sirve como reflejo fiel de un mundo poco conocido por los profanos en el tema del cine: el ingrato universo de las audiciones. Pero en esta concreción pierde universalidad. No hubiese estado mal saber un poco más sobre estos personajes, sus motivaciones, sueños y esperanzas. Hubiese sido así otra película. Quizás mejor y más interesante.

Casting de Jorge Naranjo

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era "una del espacio". Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

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