Festival de Málaga 2017: MANIAC TALES, la pretensión peligrosa

 

Me siento en mi butaca, me acomodo y saco mi móvil para tomar notas como siempre. Mismo ritual, pero distinto contexto: hoy toca ir de festival. Justo se levanta uno de los directores de la película, se dirige a nosotros y nos dice las palabras mágicas que me han acompañado durante todo el visionado: Maniac Tales es una película sin pretensiones. No queremos transmitir nada, sólo entretener”. Estas palabras son más peligrosas de lo que parecen.

Maniac Tales

Maniac Tales es un extraño sucedáneo entre la narrativa de Relatos salvajes y un videojuego. La historia de Juan, el conserje mexicano de un edificio de , comienza cuando recibe la noticia de que en la vivienda de Susan se haya el guión perdido de una serie valorado en 50.000 dólares. Al llegar a su piso, el conserje encuentra los capítulos anteriores del programa, en los cuales busca pistas del paradero del guión. El visionado de dichos capítulos es la salsa de la narración, una muñeca rusa que aporta un toque fresco de metaficción como en el original Assassin’s Creed. Esto, unido a los giros finales, conforman un planteamiento atractivo a primera vista, pero cuya desacertada ejecución termina por arrastrar el conjunto, empezando por propio formato episódico.
Maniac Tales me recuerda a esa particular lacra del videojuego en la que, si quieres desbloquear la siguiente pieza de la historia, te toca hacer los deberes y cargarte a los bichos de turno. Los capítulos de la serie que Juan ve no aportan nada más allá de ser engranajes dentro del juego metaficticio, más bien parecen un apéndice ajeno que hay que ver antes de seguir con la trama que de verdad importaba. Una vez más, Assassin’s Creed transmitía sus temas de un nivel a otro de manera orgánica. Todo tenía sentido y todo estaba entrelazado con buena mano. Pero aquí cada corto existe en un vacío, y si hay una mínima relación con la historia de Juan pasa desapercibida porque los cortos per se no hacen sino poner a prueba la paciencia del respetable.


Y hablando de vacío, la realización no ayuda a solventar el problema. Cada corto ha sido escrito y realizado por distintos autores. Esto es algo característico de las series, pero en televisión hay una coherencia unificadora que aquí no existe. En Maniac Tales, cada historieta es estilísticamente distinta al resto, y en principio debería ser una virtud, una nota de variedad, pero acrecienta aún más la sensación de que algo no termina de cuadrar.

No debería atacar tanto este planteamiento. La verdad, es original y me apena mucho ver que no ha funcionado tan bien. Lo cierto es que esta película quiere demostrar carisma y personalidad, quiere quedarse contigo por lo que es y no por lo que pretende, y es en este punto donde volvemos al principio. “Sin pretensiones”. En cuanto dijo esas palabras, aquel señor parecía darme a entender que no creía en su película, que sabía que no era nada del otro mundo, o al menos eso creo porque mi primera reacción fue pensar que la película no iba a ser precisamente buena. Las actuaciones son caricaturas poco verosímiles, el guión es típico y predecible y la atmósfera es nula, lo cual es un pecado capital en una película de o como esta. Puede que sea una cinta “libre de pretensiones”, pero eso no te da permiso para descuidar tu obra. No hablamos de fallos técnicos, eso se lo dejo a los entendidos en la materia, pero sí hablamos de ese exceso estético del primer capítulo, la autolimitación del formato del segundo y otras tantas situaciones y aspectos que o bien son decisiones estilísticas desacertadas o bien simplemente se trata de esconder la basura bajo la alfombra.

Maniac Tales
¿Habría que perdonarle a Maniac Tales todos estos fallos? A fin de cuentas, aquí no hay pretensiones de una gran historia, ¿no? No, pero eso no significa que haya que descuidarlo todo. La película tiene un concepto original y la metaficción funciona, pero cuando me hablas de falta de pretensión es que buscas que la gente se entretenga, y si no haces bien las cosas, el público no se va a entretener. Aprovechando la presencia de Álex de la Iglesia en el Festival, sus primeras películas se nutrían de tono cutre para dar atractivo. Álex era dadá, desmontaba las reglas y hacía lo que le daba la gana; eso le daba identidad. Aquí no veo ese espíritu, sino que más bien se pretende (ojo a la palabra) alcanzar algo a lo que no se llega. Es en este punto de deberíamos replantearnos los límites de la permisividad, exigir mínimos y ser más críticos con nosotros mismos. Uno debe aprender a mejorarse a sí mismo.

Carlos Campoy

Estudiante de Historia del Arte, co-creador del cortometraje ‘Te elijo a tí’, escritor en El Cine en la Sombra y tertuliano en El Color del Cine. Como cineasta y escritor novato, busco aprender de todas las maneras posibles, con influencias desde “La gran belleza” hasta “Shadow of the Colossus”, guardando al cine y el videojuego un lugar siempre en el corazón.

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