Especial Nicolas Winding Refn: BRONSON (2008)

 

El agotamiento que provocó en el rodaje consecutivo de Pusher II y Pusher III, sumado a la fría acogida crítica que recibieron las películas en su Dinamarca natal, llevó al director a prometer que jamás volvería a rodar en su país de origen. Por ello decidió trasladarse al Reino Unido para llevar a la pantalla la historia de Michael Peterson, también conocido como (no confundir con el actor), el preso más violento del Reino Unido.

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El joven Peterson es una fuerza bruta que un día decide robar en una oficina postal. A partir de ahí, comenzará un periplo por decenas de cárceles británicas que le llevará a pasar prácticamente toda su vida en prisión y 30 años en confinamiento solitario. La película de Winding Refn estudia este comportamiento pero no busca en ningún momento trazar un perfil psicológico que nos haga empatizar o comprender al inestable Bronson. El nihilismo y el caos son las dominantes tanto en el personaje como en el film, que se empeña más en teatralizar las conductas del preso que en mostrar un retrato veraz. Así, Bronson se haya más cerca de la estilización de Kubrick en La naranja mecánica, uso de la música clásica incluida, que en la sordidez y realismo sucio del McNaughton de Henry, retrato de un asesino.

No cabe duda que el gran triunfador de Bronson fue que vio despegar su carrera en un papel de lo más agradecido para un actor: Hardy aportó su rotundo físico, mostrando a la vez una gran complejidad en un retrato que podría haberse quedado en lo meramente histriónico pero al que el intérprete inglés le aporta variedad de matices. La película se impregna de las ráfagas de furia del propio Bronson y acaba resultando más interesante cuanto menos narrativa es y más se acerca a un relato impresionista. En realidad, el aspecto es el que menos interesa al director danés en una huida hacia adelante de la mano de este Toro salvaje sin remordimiento alguno.

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Nicolas Winding Refn continúa de este modo con un proceso de estilización y abstracción en su cine, además de aprovechar el contexto de los 70 y los 80 para llenar de música y color la pantalla, que le llevará al culmen de su carrera. Y lo mejor estaba por venir.

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era "una del espacio". Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

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