En otro país, palabras sabias en forma de comedia

 

El cine coreano se ha prodigado bastante en nuestras carteleras gracias a películas como The host y Crónica de un asesino en serie de Joon-ho Bong, la trilogía de la venganza de Chan-wook Park o el recién trasladado a Hollywood Kim Ji-woon. Todas ellas tienen en común el gusto por la violencia desatada y unas ganas de hacernoslo pasarlo mal que parecen ser muy del gusto del público que ha demandado este tipo de cine en nuestras pantallas. Cualquiera diría que en Corea del Sur sólo saben hacer películas enfermas con personajes extremos y atmósferas enrarecidas. Por ello sería una pena dejar de recomendar En otro país de Hong Sang-soo, presentada en Cannes 2012 y que ahora llega a nuestras pantallas.

Para los que empecéis a asustaros ante la perspectiva de ver una película coreana que no sea en el plan violenta, deciros que ya podéis ir saliendo de aquí porque estamos ante el polo opuesto de las películas anteriormente mencionadas. Pero no es, ni mucho menos, En otro país una película de festival de estas espesas e intelectualoides tan del gusto de los críticos serios. El gran valor de la película de Hong Sang-soo es mantener un sutil y complicado equilibrio entre la experimentación narrativa y la ligereza argumental digna del mejor Eric Rohmer.

En En otro país vemos a la francesa en tres historias diferentes visitar a un matrimonio coreano, mientras busca un faro y se encuentra con un socorrista buenorro. En las tres historias los personajes son los mismos e incluso algunas anécdotas se repiten pero es en este juego de variables donde está la diversión del experimento. Hong Sang-soo juega con la mentira, la verdad y la apariencia de sus personajes sin que parezca que está hablando de algo profundo y complejo. Así estamos en las antípodas de propuestas de similares características experimentales como pueden ser Holy Motors o Inland Empire. Así que no tengáis miedo (de hecho en lo que respecta a enfrentaros a cosas que no conocéis no deberíais tener miedo, pero ese es otro tema).

De paso, En otro país también propone un interesante juego de miradas hacia el hecho extranjero: no deja de ser la visión que un coreano tiene sobre qué es lo que ve e interpreta una foránea al acercarse a su país. Al poner a una francesa en el centro del relato Hong Sang-soo nos cuenta más sobre su país y, sobre todo, sus gentes que si la protagonista fuese local. Numerosas son las referencias (divertidas todas) sobre los hombres coreanos y sus comportamientos de fascinación hacia la extranjera Huppert.

Crítica En otro país

Como decía antes sería una pena que dejaseis de ver En otro país por el simple hecho de ser coreana o de que sea una . Lo que más pena me da es que seguro que unos no la verán por el hecho de ser simplemente de otro país y, lo que es peor aun, los más cinéfilos no la verán por el simple hecho de no ser un artilugio moderno y malsano. Peor para ellos si piensan que una comedia no puede estar llena de profundidad y palabras sabias.

 

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era “una del espacio”. Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

No hay respuestas

  1. 10 enero, 2014

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