Cuerpos especiales, buddy movie en clave femenina

 

Uno siempre intenta ver las películas con la mente lo más abierta posible, y en algunos casos como el que nos ocupa, rascando para buscar algo que me haga justificar la existencia de la cinta en cuestión. Y tampoco es que le tenga una manía especial a , simplemente las películas que hace no me suelen interesar. Por eso al enfrentarme a Cuerpos especiales lo hice con la mejor de las disposiciones, incluso queriendo que me gustase, intentando reirme, pero fue misión imposible. 

La historia de Cuerpos especiales es la que hemos visto mil veces desde Arma letal: dos policías de caracteres contrapuestos tienen que trabajar como equipo para resolver un caso, la innovación aquí es que son dos mujeres. Y esta es toda la novedad. El resto es un guión-fórmula en el que Bullock tiene el papel de la seria y ordenada agente del FBI y la fuerza de la naturaleza a domesticar.

Cuerpos especiales

Este tipo de películas basan también su atractivo en la química que pueda surgir entre las protagonistas: McCarthy y Bullock son dos payasas consumadas y es verdad que tienen un par de momentos medianamente graciosos pero es muy poco para lo que podrían haber dado en Cuerpos especiales. En poco ayuda el exceso metraje de la película, cercano a las dos horas, consistente en la repetición de las coñas acerca de lo gorda y bruta que es McCarthy y lo estirada y cuadriculada que es Bullock.

La prácticamente inexistente trama policial es otra tara de más de una película que, a pesar de todo, ha sido un gran éxito de público en Estados Unidos, cosa que a buen seguro no se repetirá en el resto del mundo. Seguiremos esperando alguna película que aborde con algo más de tino y gracia la reformulación de las buddy movies en clave femenina.

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era "una del espacio". Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

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