Colossal, Vigalondo se la saca

 

Os voy a pedir un imposible. Huid por completo del material promocional de Colossal. En serio. Como de la peste. No porque sea malo, no porque sea engañoso, sino porque cuanto más vírgenes lleguéis a la última película de más la vais a disfrutar. Pero, ¿a quién quiero engañar? Os habréis comido ya todos los (preciosos) carteles y tráilers que hayan salido. Es la pena de la era de la información. Eso sí, si por lo que sea os acabáis de enterar de que Colossal existe, apagad el ordenador e id a verla inmediatamente. En serio.

Colossal se disfruta mucho más cuanto menos sepas de ella, menos expectativas tengas y más desprevenido te pillen sus múltiples y locos giros argumentales. Os podría decir que es prácticamente la mejor película del año, que no os la podéis perder por nada del mundo, terminar aquí mi reseña y quedarme tan ancho. No podría hacerle justicia con mis palabras, en cualquier caso, tan solo podría reiterar en lo que ya he dicho intentando que no se me note. Y al fin y al cabo sería un alivio para mí por lo que me ahorraría de escribir y para el lector que no tendría que aguantar mi turra. Pero como yo aquí tengo una labor que desempeñar, intentaré profundizar en el tema sin destripar innecesariamente.

Nacho Vigalondo siempre tiene buenas ideas. Tanto la interesante Los Cronocrímenes, la divertidísima Extraterrestre como en la innovadora y fallida Open Windows estaban plagadas de buenas ideas. El desarrollo podría ser mejor o peor, pero el punto de partida siempre era novedoso e intrigante a priori. En Colossal podemos decir finalmente que Nacho se ha sacado la chorra. Y no un poquito, no. Esto es el equivalente cinematográfico a que Vigalondo —completamente desnudo y untado en aceite— baile haciendo el molinillo frente a tu cara durante una hora y cuarenta minutos.

Describir esta película es difícil sin entrar en destripes, pero lo más superficial que podemos decir es que es una , un psicológico y un kaijū eiga (o, como diría el ciudadano de a pie, una peli de MOSTROS). ¿Cómo conseguir aunar estos tres géneros sin que ninguno de los tres chirríe? ¿Cómo englobarlos temáticamente y que además tenga sentido? Pues Vigalondo lo hace. Y con la chorra, insisto. Colossal es una de las experiencias cinematográficas más divertidas y gratificantes que he tenido el placer de ver.

Colossal

No todo es mérito del director, claro. La banda sonora del cada vez más notorio Bear McCreary y unas excelentes interpretaciones por parte de (posiblemente la mejor de toda su carrera) y (también la mejor de su carrera, aunque éste lo tenía más fácil) hacen el resto. A destacar también unos efectos especiales low-cost que lucen mejor que los de algunas superproducciones. No quiero mirar a nadie, pero a ver, Cuatro Fantásticos.

Pero siento que ya os estoy contando demasiado. Os dije hace unos párrafos que apagarais el ordenador. O el móvil. O la tablet. O el reloj. O lo que sea que uséis ahora los millennials. Id a verla. Si os gusta, me pagáis una cena. Si no, tenéis todo el derecho del mundo a tirarme a la cabeza un DVD del Godzilla de Roland Emmerich. Aunque presiento que os va a gustar. Y ahora, si me lo permitís, voy a seguir fantaseando con directores untados en aceite.

JUANKIBLOG

Bromeas, ¿verdad? ¡Me vacilas! ¿O no ves lo que acabas de hacer? Te mueves tú, con un aire de blues. ¡Míster, tienes ritmo y poder!

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