Ben-Hur, contra el imperio romano

 

Redoble de tambores. Sonido de trompetas. Vamos a hablar de Ben-Hur y eso son palabras mayores. Hubiera preferido que se reestrenara la superproducción de la Metro de los años cincuenta antes que esta, una hermana pequeña con un presupuesto similar pero mucho menos kolossal. El péplum tiene en la película de William Wyler su mejor exponente, en la del director kazajo Timur Bekmambetov un lunar café con leche tirando a negro. Ni siquiera el bueno de , como el caído Ilderim, se salva de una quema que ya antes se adivinaba.

Ben-Hur

Utilizando como escaparate la carrera de cuadrigas en el circo de Jerusalem con Ben-Hur han intentado vendernos la moto. No hay ni rastro de la supuesta espectacularidad y aunque no está mal rodada, nunca podrá superar a la protagonizada tanto por Charlton Heston como por Stephen Boyd. No es una carrera de coches de la Nascar, sino una batalla entre carros tirados por cuatro caballos en línea. Unos blancos que simbolizan el bien y otros negros que como todos sabemos es un color cercano al mal.
Los dos hermanos en el film de Wyler se quieren y se odian a partes iguales. En este Ben-Hur no notamos ese rencor, nos da la impresión de que en cualquier momento los dos hombres van a abrazarse y a irse de marcha por ahí. Los secundarios tampoco mantienen una posición realista o están bien definidos, como la hermana de Judá Ben-hur, la inocente Tirzah, ¿enamorada de un hombre que ha decidido ejecutarla? el esclavo Simónides, al que al que solo conocemos por morir bajo la espada de soldados romanos o la dulce Esther, fiel devota de las enseñanzas de Jesús de Nazareth, quizás la más completa de todos o la más creíble.

La religión se mezcla con la y cuando la figura del Nazareno aparece para hablar con Judá o para ayudarlo cuando es hecho prisionero. Su mensaje cala hondo en este príncipe judío que ha visto como ha pasado de ser alguien poderoso a ser un remero en galeras. Todas sus posesiones y toda su se han perdido y solo la fuerza de la venganza hace que sobreviva a un ataque naval y a un terrible naufragio. El recuerdo de Cristo, crucificado en el Gólgota, le acompañará toda su vida y le ayudará a perdonar a aquellos que una vez decidieron un cruel castigo para él y los suyos por un ataque en el cual él no participó.

Ben-Hur

Ben-Hur reúne a judíos, como Dimas, árabes y romanos, como Poncio Pilatos o Messala en una ciudad que está a punto de conocer y ser testigo de la muerte del Cristo. Como siempre los romanos son presentados como tiranos que a costa de salvaguardar su imperio no dudan en ejecutar a cualquiera que se atreva a enfrentarse a ellos. Por el contrario a los valientes y fieros zelotes se les perdona todo. Dicen carecer de libertad y usan todos los medios a su alcance para escapar de la dominación romana. Ni unos son tan buenos ni los otros tan malos. Cada uno defiende lo suyo a su manera y esto se traduce en ataques y contraataques continuos sin un claro vencedor. En medio de esta guerra se encuentra Judá Ben-Hur, una víctima del clima de violencia que se vive en la ciudad, alguien con principios que es incapaz de traicionar y vender a uno de los suyos, un creyente de Dios que conocerá a su hijo y un héroe para el pueblo que fue capaz de retar y vencer al invasor en su casa.

No es muy recomendable el visionado de este remake para aquellos que ya conozcan el film ganador de 11 oscars, para todos los demás hacedme caso, mejor ver la antigua, aunque sea más larga en cuanto a duración, merece la pena y si no ya se sabe ¡leer la novela de Lewis Wallace! El libro siempre supera a la película de todas, todas.

 

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