100 metros, Iron Man español

 

¿Qué convierte a un hombre de la calle, a alguien como nosotros, en un superhéroe? La vida no puede planearse, un día estás arriba, tienes un buen trabajo, una mujer, un hijo que te adora y otro en camino y de repente al siguiente una enfermedad como la esclerosis múltiple te deja paralizado, sin amigos, sin trabajo y te roba todo aquello que nunca valoraste lo suficiente. Por suerte la no te abandona e intenta ayudarte en todo lo que necesitas. Es entonces cuando toca elegir entre dos puertas. Si cruzas la puerta número 1 todo se ve muy negro, no hay ganas de vivir y aparecen depresiones de caballo que amenazan con terminarlo todo. Por el contrario la puerta número 2 aunque requiere gran sacrificio, mucha fuerza de voluntad y esfuerzo continuo lleva a un final feliz o menos dañino. En 100 metros, Ramón Arroyo decide elegir esta última opción luchando contra el mal que lo aqueja acompañado de todos los que de verdad le quieren. Se convertirá en un héroe para su hijo compitiendo en una triatlón que ha derrotado a muchos pero que no podrá con él.

100 metros

interpreta a este luchador incansable aparcando de momento los papeles cómicos y acercándose a un género, el del en el que hasta ahora estaba pez. No obstante de refilón veremos a ese joven monologuista que se subió a los escenarios para hacernos reír, sobre todo cuando se junte con , aquí un suegro gruñón con barba de varias semanas que borda su papel. Un ermitaño viudo anclado en el pasado que debe aprender a hablar pero también a escuchar.

100 metros es un chute de positividad, de esas películas que hacen que veas la vida con otros ojos, valorando mucho más lo que tienes, las cosas grandes y pequeñas que puedes llegar a perder en cualquier momento. Ramón es un ejemplo a seguir, un modelo a imitar por todos, un quiero y puedo hacerlo que por desgracia ocupa pocas portadas de revista y menos espacios televisivos donde pueda influenciar a otros que como él se encuentran de cara con enfermedades tan horribles.

100 metros

Los milagros existen y los ángeles no llevan alas sino un maillot amarillo o batín blanco de hospital. El suegro de Ramón se convertirá en uno de ellos cuando ayude a su yerno a superar los continuos brotes que intentan minar su moral, actuando como el maestro Miyagi de Karate Kid sin dar y pulir cera. Ahora ha sido sustituido por plantar huerto y arreglar la casa. Por otro lado Ramón será el ángel de la guarda y celestino de su suegro abriéndole los ojos y sacándole del pozo al que iba de cabeza.

Cuando uno hace un film como este, basado en una historia real tan conmovedora, puede caer en viejos tópicos que lleven a la lágrima fácil y a un final triste y esperado. Nada de eso, el director de 100 metros, Marcel Barrena, ha preferido destacar la lucha valiente de la que este es protagonista y ganador, su superación personal y la ausencia de una rendición que en ocasiones parecía la opción más cómoda. Nada de kleenex y si una sonrisa. Seamos todos como ese compañero que ante las adversidades se despide siempre diciendo su Don´t be Afroid.

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