Una canción irlandesa, granjera busca esposo

¿En dónde me he metido? Cinco minutos bastan para darse uno cuenta que Una canción irlandesa no es otra romántica más. La real realidad es superada por una poética magia que sobrevuela la Irlanda de los granjeros Muldoon y Reilly, familias de los niños y luego adultos Anthony y Rosemary que comparten historias, vecinos y un terreno sin dueño aparente.

Una canción irlandesa

Resulta que esta adaptación británica del musical Outside Mullingar, estrenado en Broadway en el 2014 por el mismo director John Patrick Shanley, narra un bonito y legendario cuento de hadas actual, sin ollas llenas de monedas de y leprechauns con medias rayadas ¡las detetores de metales no cuentan! o tréboles de cuatro hojas al son de violines, flautas y gaitas, como una preciosa canción popular celta. 

Mi tradición frente a su modernidad, en un lugar donde los caballos se escapan para relincharle a la luna, algunos hombres se creen abejas sin aguijón o mujeres sueñan con ser cisnes blancos y bailar una pieza de ballet. Falta Nueva York, lugar de residencia del primo forastero que no se parece en nada a este país lluvioso y congelado en el tiempo en el que puede ocurrir cualquier cosa. Encantado me hallo con la escena doble en donde una relación nace a miles de metros de altura sobrevolando el océano mientras otra cambia de amistad a noviazgo como un ciclón que no se puede parar. Poesia en movimiento en tierra o en el aire con dos florecillas y dos abejas que se acercan para probar el néctar prohibido.

Emily Blunt es mucho Emily Blunt, Jamie Dornan lo es un poco menos, dos locos enamorados que tienen las cosas muy claras desde niños pero que ahora balbucean sus sentimientos, inseguros de la respuesta que recibirán uno del otro. A su lado los maduros y tienen las cosas más claras ejerciendo de voz de la esperiencia y conciencia que espera lo mejor de ellos y su en el condado de Mayo.

Una canción irlandesa

 Solo echo de menos algunas vidas tartamudas que aparecen y desaparecen sin motivo aparente, escuchando secretos inconfesables al oído o espiando escenas surrealistas entre hombres y asnos. Echo de menos más fiesta folclórica sin peineta y momentos de contraste entre realidad e idealidad con conversaciones paseando por prados verdes y caminos con alta hierba creciendo a los lados o sentados en tabernas donde se tiran y sirven pintas a cada segundo. La alternativa del director es una invitación continúa al interior de las casas para oir charlas privadas donde se negocían herencias que amenazan la salud de alguno de ellos. Echo de menos también peces más tiempo fuera del agua y mayor conflicto o duda entre iguales que motivaría un humor original y difícil de descifrar ¡la esencia llena unos frascos demasiado pequeños! 

Si uno supera sus primeros díez o quince minutos de lógica confusión y entra en lenguaje y situación evitando desorientaciones varias se encontrará con un film con diferentes lecturas que sorprenden sobremanera, si por el contrario no entras en su juego, esta colina se te puede hacer muy cuesta arriba por mucho que montes un rápido corcel o conduzcas un caro automóvil estadounidense en el campo.

Una canción irlandesa (John Patrick Shanley, 2021) ⭐️⭐️⭐️

Una canción irlandesa